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viernes, 1 de octubre de 2010

XVII Pregón a Nuestra Señora de las Angustias Patrona de Granada



Granada
Residencia Universitaria
"Corrala de Santiago"
25 de Septiembre de 2.010


Una vez más, la noche se acerca enseñándonos de par en par el cielo oscuro de su boca abierta. Los sentidos paralizados y la calma esperando ser devuelta a la tormenta atronadora del balanceo de una campana. Una vez más, el sueño abrazado a la pupila melancólica donde nos espera Morfeo, cuando las pestañas han cubierto de cárceles prodigiosas, el color recién pintado sobre la blanca cúpula de nuestros ojos. Una vez más, la proeza del sueño detiene los pasos del tiempo, y una vez más, el tiempo dispuesto a dejarse amar entre quimeras. Mientras a nuestra boca callada le nace un bostezo, a la noche más hermosa de Granada, le ha crecido en la frente una luna redonda tan frágil como una chiquilla…

Y una vez más Granada se hace agua. Y el agua que quiere vivir del sueño, se deja caer templada desde la cascada invisible de Valparaíso. La Abadía ha metido los pies en el río, y después ha corrido a esconderse entre naranjos y limoneros. Los naranjos eran verdes chumberas y el limón un gitano, gallardo y torero, que al ver pasar el río, lo mismo que un toro de fuego, ha metido su estoque de lino en las aguas de nuevo. Y por el Sacromonte Granada en su desespero se hace un barquito de agua con las alas de su sombrero. Por el Albayzin las fuentes de piedra levantan sus enaguas de acero y dejan relucir sus piernas blancas, como cientos de mocitas que cantan, y en su alboroto, lanzan sus chorros de agua, presionando el caño con sus dedos. Unos llegan tan altos, tan altos… ¡que mojan las sayas blancas del mismo San Pedro! con su barba canosa y su largo cabello, con sus ojitos pardos, grandes, cansados donde duerme el caramelo, se alza enojado y rotundo ante las mismísimas puertas del cielo. ¡Que pasa Granada! ¿A que viene este revuelo? Y el agua se calla, enmudece, se apaga, aunque de alguna fuentecilla pequeña de la que se bebe a horcajadas, se torna en risa su caño, y en agua dulce su fragua.

Por la rivera del Darro, el río se hace prosa temprana. Y el bueno de San Pedro, “chorreandito” de agua, al no tener respuesta a su voz hecha palabra, agarra con sus manos el grifo de la Sierra más alta, hasta dejar cerrado el copo, la nieve y el agua. Las fuentecillas lloronas… ya se hacen miel y hojarasca.

Por la rivera del Darro, el río cabalga, sus crines al viento hasta Santa Ana, por ellas la tierra se abre, enmudece y se traga al río embovedado que caminaba a sus anchas. Por Plaza Nueva a Reyes Católicos, bajo sus pies pasan las aguas, algunas saltan entre su fuente, como si fueran cien caños locos, que sueñan con ser cipreses. Y el río, a escondidas, bajo el suelo entre su cabalgada, sueña que aun se reflejan en las brumas de sus aguas, toda una corte de estrellas, brillantes como la plata. Al llegar a la Puerta Real, la más Real de Granada, el agua ya siente en su boca, la destreza de una prosa que ha de posarse en su cara. Y antes de llegar a la Carrera, en la Fuente de las Batallas, orgulloso el Darro se tiñe de florecillas amargas. Otros chorros de la fuente lanza el agua a Granada, y el agua se hace jazmín con sus florecillas blancas. El aroma de los nardos lo alberga ya una paloma que tiene abiertas sus alas. Al sonar de una campana, se despiertan los pintores, con sus chaquetillas manchadas, por los oleos de mil colores que cayeron en sus faldas. Los claveles rojos y blancos que soñaron con ser corona, se ciñen en diademas de la Divina Inmaculada entre Angustias de Patrona. Y en la plaza los niños corren, chillan, vuelan, gritan, saltan, entre un vergel de acerolas, higos secos y azofaifas. Membrillos y verbenas sabe Dios que fue primero, si el azúcar de la infancia, o las tortas de cabello que el Arcángel San Gabriel, hizo nacer de su pelo. Yo no se si fue el Arcángel, u otro angelillo bueno. ¡De alguno tuvo que ser!! Pues seguro vino del cielo.

Y al llegar el río a sus plantas y bajar ya a la Carrera, ya no hubo más fuente en silencio, ya no hubo ríos de espera, los manantiales de Granada, se hicieron blonda en sus caderas…


Aquí está el agua Señora,
del manantial de Granada.
Quise traerla en las manos
y de las manos se me marchaba.

Quizás por que el agua no entiende
que no es tenerla atrapada,
dejarla en un recipiente
para dar de beber al alma.
Y como el agua por si sola
de las manos se me marchaba,
corrió como una loca
por las fuentes y las plazas,
para venir a poner en Tu boca
aquello que del agua sobra,
y aquello que del río mata.

Y le mata al río Tu pena,
Porque Tu pena de ser agua
ya no sería serena.
que por cien cuchillas doradas,
tu pena en silencio me grita
y el agua en tu lecho me habla.

Es tanto tu dolor enardecido
que al llegar hasta Granada,
aquello que tienes de río
lo mismo me tienes de agua.

En el río, el surco de Tus ojos
calla, muerde, se desplaza.
Que no hay más pena ni más trozos
con la que hacerte más chica el alma.

En el agua, la ribera de tus manos,
el martirio y la agonía.
La muerte hecha pedazos,
entre flores de armonía.

El río y el agua,
el agua y el río.
que dolor el de Tu alma
mudo, seco, grande y frío.
Y en medio una enorme Granada,
para Tu fuente de lirios.

¡Aquí está el agua Señora!
Vino a decirte este río.
Caminante donde los halla
entre la flor y el gentío.

Aquí está el agua para su espina,
para su boca y su alma,
dulce para la herida
del costado y de la espalda.

Aquí está este río Señora,
que al pasar bajo Tus plantas,
quiso quedarse dormido
entre los juncos de Tus aguas.

¡Aquí está el río Señora!
Angustias la bien nombrada.
Las fuentes y manantiales
Lagrimitas son de corales,
de la Patrona de Granada.


Y desde entonces San Pedro, “chorreandito” de agua, quiso dejar siempre abierto, el grifo a Sierra Nevada.

Señora Concejal de Medio Ambiente del Excelentísimo Ayuntamiento de Granada, Señor Presidente de la Real Federeación de Hermandades y Cofradias de Granada. Hermanos Mayores, y dignísimas autoridades. Con su permiso. Queridos amigos todos, que os reunís en torno a este patio, para escuchar la décimo séptima Exaltación a Nuestra Señora de las Angustias. Gracias por ser indulgentes con quien os habla, pues en estos trances os aseguro, es el alma quien habla más por convicción, que la conciencia y el pensamiento, la seguridad y el arrojo. Gracias Encarna, Pregonera de altura por tus palabras hacia mi persona, y que está tarde noche me precedes, pues los que hemos tenido la suerte torera, créanme, de ponerse tras de un micrófono, nada reconforta más, que el quite de la palabra bien avenida y las tuyas, sin duda inmerecidas de elogios al hablar de mi persona, hacen que mi estoque deje de temblar y sentirme seguro abrazado una vez más, a esta muletilla de versos que puedan albergar estas páginas. Muchas gracias de todo corazón. De la misma forma, quisiera agradecer a D. Antonio Méndez, Presidente de la Asociación Cultural y Solidaria “Granada Siempre” no solo por haber permitido que fuese yo, el encargado de tan ardua tarea, por las que con anterioridad pasaron prestigiosas plumas y mejores personas, sino y de igual manera, por todas aquellas iniciativas que la Asociación que presides, se hace artífice para promover lo mejor de nuestra tierra. Gracias aquellas personas que junto a ti, en aquellos tiempos, os reunisteis por primera vez y decidisteis realizar lo que hoy es un hecho. Aquellos Horquilleros, con sus tertulias, librando batalla para sostener de manera altruista todas y cada una de las tradiciones de Granada. Fruto también de ello, la recuperación de los Premios Barreta, que en breves momentos serán entregados y a los que aprovechando está tribuna, felicito de corazón. Que buen nombre querido Antonio el de la Asociación que presides, jamás titulo alguno pudo expresar con mayor claridad, al leerlo al revés, mayor granadinismo. Seguro estoy de no ser el primero en pensarlo o transmitirlo “Granada siempre” “Siempre Granada.”

Decir Granada indudablemente es saborear cada uno de los encantos únicos que ha esta bendita tierra de María Santísima vienen unidos por los siglos de historia que recorren cada uno de sus melancólicos rincones. La música, interpretada magistralmente y de una manera especial por cada fuente cristalina y romántica que habla, murmura siente y padece como si tuviera la grandeza de tomar vida cada noche. El misterio descolgado en cada uno de los naranjos como el mejor de sus frutos, el embrujo a media luz de una farola, cuando la tarde apura su último aliento saboreando el beso entre el murmullo de un te quiero sosegado y mortal. En Granada por amor se muere y por el se llega a la vida. Granada en sí, es otra forma de vivir con los ojos abiertos sin llegar a saber jamás, cuanto de vida fue real y cuanto fue fruto de un mismo sueño. En Granada la luz es lo más parecido a un suspiro, capaz de iluminar solo un segundo, y sin embargo que perdure toda una vida. Una luz diferente, plasmada en cada instante sobre el lienzo de un artista o el verso de un poeta. Decir Granada, es decir Albayzin y volver a dejarse abrazar por el sueño de un requiebro. Decir Granada es abrir los ojos y sentirte observado por cada torre de una Alhambra que zarandea nuestros sentidos y nos muerde el olvido sin consentimiento. Decir Granada es dejar que el Sacromonte encienda el bordón de una guitarra, hasta que el fuego de una zambra retuerza nuestro cuerpo para apagarlo después sumergiéndonos los pies descalzos en los surtidores prohibidos donde duermen mansos los hechizos de la luna. Decir Granada es pintar de flores diferentes el vergel de una Bibrrambla con sonidos ensordecedores de niños y trasladar el alma hasta la Plaza de las Pasiegas para hacerla inmortal, bajo el campanario mayor de nuestro Sagrario pequeño. Decir Granada amigos míos, es decir primavera y cuajar todas y cada una de nuestras calles de una Pasión que siembra Cristos debajo de cada uno de nuestros balcones, toda vez que el azahar desnuda su enjambre de flor, hasta dejarla yerta sobre la rama. Decir Granada… y escuchar el canto de curas, monjes y novicios formando toda una corte celestial al paso omnipotente del Sagrado Corpus Christi. Decir Granada es sentir como la juncia se enreda en nuestros talones, mientras nuestra infancia aun sigue cerrando los ojos entre gigantes y cabezudos. Decir Granada es decir Septiembre, y observar como al almanaque del tiempo, le ha crecido una hoja de otoño que se niega a caer del árbol centenario de la Carrera. Y entonces, le dirá la flor a la rama;


Le dijo la flor a la rama.
Antes de que me muera,
llévame pues a Granada
y déjame en la Carrera.

Cuando veas mis hojas grandes,
cuando más coloridas las veas,
antes que el viento espante
mis pequeñas caderas.

Y me haga caer al suelo
donde nadie me vea,
o venga a cortarme el novio
y de regalo a una mozuela,
ponga la sed de mi tronco
entre cristales de Bohemia.

Que yo no le pongo prisa,
a que a mi la vida me cortes.
Lo que no quiero es que la brisa
o la pasión de los hombres,
den con mi sonrisa
en otras plantas, por otros dones.

Septiembre es buena dicha,
si a mis deseos respondes.
que parezca una caricia
en mi mundo de colores.

Allí a la Madre morena,
dicen los ruiseñores,
le forman una escalera
y toditas las flores,
a cambio de alguna pena
le van regalando colores.

Y yo quiero para ella,
poner mi estío en su cara.
El aroma sobre su manto,
hasta que una sonrisa temprana,
del manantial de su llanto
y de su pena soberana,
no quede más que el suspiro,
de querer arrimarme a su oído
y decirle bajito… ¡guapa!

Si con ello alcanzara su Gloria
a través de sus pestañas,
entenderías pues mi euforia
al desprenderme de Tu rama.

La Virgen de las Angustias
que es la Virgen que me llama,
tiene a su niño en brazos
sin aliento y sin palabra.

Y yo amarrada al tiempo
sin que el tiempo pudiera,
dejarme sembrada en su cuerpo
bajo un viento de canela.

Y poner en sus manos mi flor
y en mi pétalo su pena,
y poder gritarle al Señor
¡Ay Señor! si yo pudiera…

Por eso te digo ¡rama!
Antes de que me muera,
llévame pues a Granada
y déjame en la carrera.


Y es por ello, que irremediablemente, decir Granada en Septiembre, es decir sobre todas las cosas, Reina y Madre Virgen de las Angustias, Patrona, Reina y Salve, de todos los hijos de buena voluntad, que bajo tu manto, posan sus flores bajo el lazo de una plegaria. Y así, desde los primeros días del noveno mes de cada año, como hemos visto nuevamente acaecer, ante Ella, se congregan todas las Instituciones y Asociaciones. Todos y cada uno de los Estamentos Civiles, y Militares, Corporaciones públicas y privadas, de todas las condiciones y de todas las jerarquías. Todas rinden con su presencia, desde cualquier punto de nuestra geografía el mismo homenaje. Rendidos a sus plantas con la mirada perdida y el corazón henchido de amor, para quien todo lo hizo con amor y por amor. Dolorosa y Patrona de Granada, Virgen de las Angustias, sin pecado concebido.

Y es por todo ello, que hemos visto nuevamente, como cada año, al llegar el quince de Septiembre, Granada se torna en jardín en flor que deambula entre callecitas hasta llegar a la Basílica. Grandes y mayores, niños y no tan niños, acaudalando en sus brazos la frágil ofrenda de la flor. Por la plaza del Humilladero y el puente romano del Genil, más y más gente, hasta llegar a congregarse al final de la serpentina de colores que forma Granada desde la Acera del Darro, el Zaida y la Carrera, nuevamente la Carrera de la Virgen. Y allí Granada a Tus plantas. El canto de los coros que se afanan en afinar sus mejores cánticos que a Tus penas puedan y permitan sosegar con el más frágil de los piropos. Toda llena de flores, para la que es más flor que ninguna. Llegadas desde el cielo y la tierra por manos humanas para llegarlas a prender de Tu corazón dolorido. El tiempo se detiene, por que las manecillas del reloj se han quedado perplejas ante el espacio imponente de Tu ternura. El murmullo ensordece y no grita, pero se hace presente en cada expresión de fe que acontece ante la fiel mirada con la que nos premias la ofrenda, y la flor. Allí los aromas se mezclan entre nuevos arrayanes precisamente inventados bajo Tu divina advocación, mientras Tu hijo, quizás, ¿por que no? El Señor de Granada, alza con destreza su cabeza reclinada, hasta poner sus pupilas ante el vaticinio de las tuyas, que todo lo saben y todo lo observa, para decirte.


Madre mía, ¡no llores más!
que ya no más por mi consuelo,
a Tus pies tienes Granada.
No más pido, nada quiero.
Morir en Granada es,
haber llegado ya al cielo.


En pocas horas, la Santísima Virgen de las Angustias, recorrerá las calles de Granada. ¡Que amanecer más bueno! Saber que por una Granada dormida, velará una Madre aún a sabiendas de que su pena, es la pena más grande. ¡Que amanecer tan magnánimo! Saber que otra Granada entera estará echada a las calles para sembrar de plegarias el Rosario de Tu aurora. A empujones las estrellas buscan el lugar en la Tribuna del cielo para arremolinarse y verte desde el firmamento. Los Ángeles acomodando Santos, “Vosotros a la derecha, que desde aquí Granada se ve, sin que ninguna otra estrella, pueda ponerse en medio de su manto de pureza.” San José, permítame su excelencia, por que Díos así lo ha dicho, escoja este balcón, que es el mejor del paraíso, para que vea usted a María, lo más cerquita que pueda. Y San José que es Santo bueno y marido de ella, se encoje de hombros, se sienta, mientras se le escapa un puchero enorme, desde la barbichuela. ¡Está guapa José!, - le dice San Juan de Dios, - mientras desde una escalera espanta con sus dos manos, unas nubecillas pequeñas, que pretendían quedarse en el campanario. Ya están los Santos sentados, ahora las Santas. La de más baja estatura, sin hacer mucho ruido, pueden sentarse en la luna, menos usted Santa Isabel que quizás por su altura, con Santa Ana y Santa Úrsula, sin que se queden de pié, y sentadas de una en una, puedan observar también a la Virgen de las Angustias. Los Arcángeles sin trompetas, los Ángeles chicuelos que se sienten a horcajadas en aquellos cuatro luceros, revoltosos y rubios, blanquitos y morenos, mientras Dios se arremanga las vestiduras y sostiene en brazos a dos de ellos. ¿San Pedro que te pasa que tienes fruncido el ceño y la saya mojada? Ya le contaré mi buen Dios, en Septiembre lo que pasa, con las fuentes y los ríos que tienes puestos en Granada. Ya está la Tribuna montada en las alturas del firmamento. La Gloria acicalada con los mejores atuendos, y en la tierra más hermosa, reluciente está Granada entre miles de azucenas, mil acacias y mil almendros.

Los Santos y las Santas, los Ángeles grandes y pequeños y toda una corte de Beatos que ya esperan el momento, de ver en la Carrera, a esa Virgen Morena recogiendo besos y flores, bajo la luz de las velas. Y entre tantos Beatos, un Beatillo nuevo. Reluciente como nunca, con su barbita hasta el suelo, hace correr la silla, hasta estremecer la tarima del cielo.


¡Hay va mi Virgen Guapa!
Ya grita el de Alpandeire.
Que se enciendan las campanas
y que de toda la alpujarra,
empiece a bajar la gente.

Que vengan sus pueblos blancos,
desde el norte hasta el sur,
desde el este, hasta el oeste
y que no quede un andaluz,
que por su gracia se preste
a poner un rayo de luz,
a la que avanza ante la Cruz
más hermosa y más valiente.

Que aun teniendo la pena más grande,
siempre herida de muerte,
no hay quien me la pare
en su largo camino de frente.

¡Angustias mi Virgen Guapa!
No hay quien se te compare,
en estas tierras soberanas
rodeadas por los mares.

Generalísima capitana,
madrecita entre todas las Madres,
resplandor de las mañanas
cuajadita de pesares.

Discúlpeme Señor, con su permiso.
estas voces y los halagos,
desde el mismo corazón me son nacidos,
que por sentirse justificados,
de no haberlos dicho Señor
sería el mayor de los pecados.

San Pedro, - Dijo Dios –
¿Y Quién es este Beato?
“Fray Leopoldo de Alpanderire,
un Frailecillo bueno recién reverenciado,
que por tu gloria es Bendecido
y por Granada Venerado.”

Malagueño de nacimiento
que asentado en Granada,
¡Sabe Dios que yo no miento!
Fue el Fraile más limosnero,
halla donde los halla.

Aunque hay algo que no entiendo.
Pues un trocito de su sarga,
como un pequeño remiendo
se encuentra en millones de estampas.
¡Señor como es posible,
si tenía solo una sarga!

San Pedro no seas incrédulo…
¡Que todo es posible en Granada!

Y manda poner una silla
en otro balcón a mi costado,
con un letrero que diga;
“Aquí se sienta otro beato.”

El más viejo peregrino
con sitio de honor en la gloria.
Frailecillo Capuchino
de su Divina Pastora.

Ante la Virgen de las Angustias,
¡Atiende bien lo que te digo!
Y que en el letrero le ponga;

“Al fraile mas granaino
que tiene Dios en la Gloria,
el día que se hizo beato
y pudo ver desde lo más alto,
los ojos de su Patrona.”


Y así, como este humilde orador proclama, dentro de tan solo unas horas, la Virgen de las Angustias, no me cabe la más mínima duda, en el Rosario de la Aurora, cuando las luces casi apagadas de la madrugada la lleven hasta la Catedral de Granada, y los luceros dejen de brillar paulatinamente, un nuevo resplandor acariciará el más hermoso de los perfiles jamás imaginado. Una nueva luminiscencia, que Granada regalará a su Santísima Virgen envuelta en el más bello de los amaneceres. Nuevamente el sueño y el embrujo se apoderará de cada uno de los que sigamos su camino. Cuando atraviese las puertas de la Anunciación, la campana que detiene sus pasos, resonará multiplicada por mil entre cada una de las inmensas columnas que sostienen la magistral obra de Diego de Siloé y Alonso Cano. La Virgen llevará en su regazo además de la muerte hecha gubia de su hijo, todo un abanico de promesas que los granadinos han ido suplicando con sus bocas calladas y su rezo sosegado a lo largo del recorrido. Septiembre es el mes de la súplica ante la más grande. Y ella que lo sabe, ha salido a las calles una vez más, para escuchar al gentío que la aclama. Ella es el camino y Granada la senda virtuosa por la que sus pies desnudos caminarán durante horas. Un nuevo resplandor acaricia el más bello de los perfiles, no me cabe la más mínima duda. Algún piropo desde uno de los rincones desde el pie de la Torre, uno más entre tantos, ha saltado entre las gentes que la aclaman. Ella apenas a girado la cabeza, todo lo más el amanecer habrá dibujado una nueva aureola de colores en su cara. Todo será en vano. No hace falta que el sol peine con el trigal de sus dedos su perfecta nariz y su boca. Ya tenía sonrojada la cara, desde el primer momento que escuchó aquel requiebro.


“Madre mía que guapa eres
a la luz de la luna.
La más bella de las mujeres
que entre tantas ninguna,
dejó pues los claveles
como la verde aceituna.”


Queridos amigos, el Rosario de la Aurora, solo habrá sido la antesala al Domingo más glorioso que Granada conoce. A primeras horas de la tarde, la Santísima Virgen de las Angustias, definitivamente se encontrará nuevamente en las calles de Granada. Todo habrá dado comienzo de una manera singular. Pues no es habitual que por dos veces la Virgen haya salido por dos puertas diferentes para encontrarse con el júbilo de la misma ciudad. Desde primeras horas de la mañana de la Basílica que lleva su nombre y al despuntar la tarde, desde las inmensas puertas de la Catedral para dar de frente con la Plaza ya chica de las Pasiegas. Y nuevamente la campana mandará pararla si así procede debajo de algún balcón. Los Horquilleros, dejarán descansar su hombro durante unos segundos y nuevamente al golpe de la campana, alzarán majestuosamente Tu semblanza hasta los cielos. Y más repique de Campanas, otras campanas con diferentes bocas grandes y anchas aclamarán Tu gloria por todos los rincones. Tu corona comenzará a emitir mil destellos que bajo el reflejo de las luces naturales y los fogonazos artificiales de cámaras y objetivos, querrán inmortalizarte para siempre en un trozo de papel. La Virgen de las Angustias, la que vive en la Carrera, (como así se canta) está ya en la calle. Los sonidos atronadores de los cohetes lo han anunciado. El cielo ha abierto sus puertas de par en par, y por ellas solo penetran gorriones y jilgueros que anuncia su majestuosa estampa en la tierra de María Santísima.

Señora y quizás sea el momento para volver a mirarte e intentar buscar la razón a este mundo de dudas en el que a veces, más de las que quisiéramos, nos asaltan hasta llegar a perder el verdadero significado de la Fe. Quizás sea en este perfecto momento, en el que abandonado ya Tu camarín de cristal donde pareces inalcanzable. Mientras tenemos el tiempo justo de mirarnos bajo el mismo cielo, pueda decirte lo que pienso, aunque ello me condene el resto de los días. Pecado sería no hacerlo y un acto de cobardía el derecho de omitirlo. Señora, no puedo concebir que seamos los que te rezamos, los que equivocadamente andemos como náufragos en la tempestad de los tiempos que nos han tocado vivir. Hay demasiadas plegarias en los ojos de los ancianos, para sentirlas equivocadas y demasiada ira, en aquellos que te niegan. He visto a Granada rendida a Tus pies, a los más ancianos con los ojos cuajados de lágrimas, musitando plegarias cada vez que tu trono de plata ha pasado junto a ellos. He podido advertir sus sollozos y sus rezos, sus manos cansadas realizando el más hermoso de los actos al santiguarse en Tu presencia. No es una Granada de Laicos, quien te venera y me niego a pensarlo si así lo fuera. He visto a los niños con sus boquitas manchadas balbucear un padre nuestro a penas sin distinguir unas palabras de otras, y señalar con el dedo Tu lágrima, y preguntar una y mil veces, como se puede vivir con el corazón traspasado por siete dagas. Y he advertido que Granada, que esta Granada multicultural, tiene y debe seguir creciendo y haciendo mayores sus creencias a pesar de que de las aulas escolares, continúen descolgándose los crucifijos. He invocado mi perdón, porque quizás tampoco demos el mejor ejemplo cuando ante nuestros ojos, día a día, pasas de igual forma y tantas veces sin corona real, sin cetro, y a Tu imagen y semejanza no acertamos a reconocerte, en el que pasa hambre y tiene sed. He visto admirado, cuantas mujeres han pasado una flor que descolgada de Tu jardín florido ha venido a caerse al suelo, cuando la tan nombrada campana, ha vuelto a poner en marcha Tus soberanos pasos, toda vez que algunas manos han corrido a coger la flor y la han pasado por el vientre materno de alguna madre, que lleva engendrado en su cuerpo una nueva luz, y una nueva vida. Y he pensado ¡Virgen de las Angustias! cuantos inocentes más tienen que privarse de su existencia, en este mundo donde los derechos, prevalecen a otros llenos de muerte y flacos de vida. ¿Cuantas risas dejarán de escucharse a Tu alrededor? ¿Cuantas velas apagadas por falta de pabilo? Cuanta inocencia maltratada por los besos sucios y embusteros de nuestra sociedad. He visto a Granada rendida a Tus pies. He visto la Gran Vía, tan poblada de gente ante Ti, que se ha hecho pequeña, hasta no coger ni el suspiro. He visto a los palieros, intentar seguir lo más cerca de Tu cabeza, para que el aire no desprenda el menor de Tus cabellos y ser imposible su empresa, ante el tumulto de las gentes intentando arremolinarse ante Tus plantas. He escuchado cientos de vivas, y estremecerse en aplausos quien con su garganta seca, solo ha tragado el dulce beso de la emoción ante Tus ojos. Los he sentido cada Septiembre, suplicarte un hilo de vida, para quien de vida en nuestras camas se retuercen de dolor. He visto al cáncer agonizar, ante el soplo de la esperanza que solo Tú eres capaz de transmitir y he visto en la soledad de un banco de Tu Basílica, multiplicarse por mil las emociones, condenadas a vivir sobre un pañuelo de por vida en forma de lágrima. He visto la majestuosidad de los árboles inclinarse ante Tu belleza, hasta formar un inmenso arco de triunfo con el abrazo fugaz de sus ramas. He visto al acaudalado, intentar ayudar al necesitado, para que desde un pretil de un balcón de Granada, pueda verte desde más cerca y no dejarlo bajar, hasta lograr el propósito de llevarse un suspiro chico, pero tuyo, esa noche a su casa. Señora, he visto a toda una Ciudad, de rodillas, sin que apenas hubiese hecho falta inclinar las piernas sobre el asfalto, pues los corazones carecen de altura para ponerlos siempre a Tus pies…


Que crea quien quiera creer
y quien quiera creer que crea,
pero que no busquen la manera
de querer dar a entender,
que la vida es una quimera
que solo nace en Tus pies.

Que en toda Granada entera
no duden de lo que es,
una devoción verdadera
bien triplicada por diez.

Y aquí está siempre Granada,
ya lo ves, no hay otra manera,
con la que poder entregarte el alma
si es que el alma se diera.

Y como el alma es prestada
mientras el cuerpo viviera,
ven pues a reclamarla,
cuando la estimes de veras.

Ahora que tienes tantas
puestas al pie de Tu Carrera,
escoge la que te venga en gana
una a una, la que Tú quieras.

Pues siendo Tú la soberana
para escoger la que quisieras,
escogiste para Tu alma
la más cuajada de penas.

Que ironía más amarga,
si es que con ello ofendieras
a otros cuerpos y otras almas,
que ni rezarte quisieran.

Pues aquí esta Granada
para quien Tu Dogma defendiera,
que no ha visto laicos más cristianos
andando por las aceras.

Que crea quien quiera creer
y quien quiera creer que crea,
pero que no busquen la manera
de querer dar a entender,
que la vida es una quimera
que solo nace en Tus pies.

Ramilletes de Hierba buena
pues será lo que tenga que ser,
mientras queden mil crucifijos
colgados de una pared.


Y cada Septiembre, y cada año que pase, quizás podamos advertir, que en su trono, un nuevo jardín sale al paso entre nuevos e inmaculados tonos de colores. Diferentes e inmaculados aromas que se deslizan sutilmente por las esquinas. Recientes adornos en su pecherin de plata que alberga a su corazón dolorido. Un nuevo reflejo del que antes hablábamos, que bien pueda venir de su hermosa corona de Reina, entre todas las Reinas. Siempre podremos advertir una nueva mueca en su barbilla, un nuevo suspiro, una nueva emoción incontrolada, como aquella que queda en la mejilla, justo en el mismo instante en el que una nueva lágrima furtiva ha nacido desde el surtidor de sus ojos. Pues tengo la absoluta seguridad (o será el sueño de los bohemios) de que la Virgen de las Angustias, cada año que sale a la calle, siempre estrena lágrimas nuevas.

Bendito fuera el carpintero
y en benditas manos las gubias,
que formaron los requiebros
de la Virgen de las Angustias.

Por que jamás un rostro fue capaz de trasladar en la misma impronta, lo mismo el dolor encarnecido y tanto igual una Paz asombrosa que nos sosiega y nos devuelve a la calma de las pasiones. Una Victoria ante la muerte, aunque tras ellas las entrañas de madre se fundan junto a la grandeza de Reina soberana de los cielos. Por que jamás un rostro fue capaz de albergar lo mismo bajo su Dulce nombre, igual tormento, y semejante belleza anta la mayor de las Maravillas. Al mirarte Señora, en el jamás nos equivocaremos al llamarte Encarnación de la Carrera, pues a tanto llevas Granada en el alma, como Granada te implora, te aclama y te venera. Y eres Señora, Luz, desde el campanario que marca las horas y veleta del tiempo, que señala los vientos sin enseñar un solo dedo. Eres Dolores del Darro, valiente a la caída de la tarde, cuando el sol acaricia la vega con el pincel amargo de tus pestañas. Eres Amargura, Señora, que como una florecilla tronchada busca el agua y el río, sin saber que ambas, ha sembrado Dios en Tus mejillas. Eres Consolación en Septiembre por un día sobre Tu trono de escarcha y Caridad infinita en el interior de Tu camarín durante el resto del año. Que hermosa cajita de música, para abrirla y escucharla, junto con el soniquete templando del bronce y las campanas… Eres Señora, la Esperanza de la Carrera, te marchas siempre para luego volver, y la espera se hace infinita en las manecillas inquietas de los relojes.


Que mal reparto en Tus bendiciones,
pues a lo largo de un año
tan solo un día me paso,
aclamándote por los balcones.


Eres Señora, Lágrimas, tímidas y melancólicas. Eres tres veces Soledad de Capilla y el torno donde nuestros pecados se disipan en la inmensidad de Tus ojos. Eres gitanilla de Sacromontes, donde las altas Abadías se agachan a Tus talones, para cubrirte con zapatillas, los piececitos de cobre. Eres Señora Penas de San Matías y Rosario de Santo Domingo, Eres Merced de Carmelitas Descalzas y la más gloriosa alabanza para al gentío, que entre las calles y las plazas, ante el grito de ¡Guapa! a Tu corazón enardecido, parece que se le escapa una sonrisa temprana, desecha en sal, envuelta en trigo. Eres Remedios de la Carrera y Salud ya comprendida, que a tus abismos de pena, toda Granada entera quiso morir contigo. Y Eres Aurora del Albayzin y Estrella del paraíso, una Concha de canela de donde emerge el estío. Eres Amor y trabajo, señora del peregrino, que puso en sus almanaques, un septiembre, caluroso o frío, donde soñar que Tu gloria precede, a un vergel de laureles donde se encuentra Tu hijo. Y eres Señora Misericordia y Mayor Dolor en Tu ternura, donde no hay más blancor que el de la luna, más grande y más redonda, donde poner a guardar cuando quieras, aquellas sienes que se ofrecen, como el pedestal de Tu corona. Y entre todas las advocaciones, eres Resurrección y Triunfo, peteneras y Alegría. ¡Que infinita Virgen María! que por más Dolores tuvieras, siempre estás en la carrera, presta a cambiar perdones. Y en la Alhambra, En Santa María de la Alhambra entre Torres de Abencerrajes, bien te guarda en las alturas una Torre de la Vela, que si en otro silencio se presta, acurrucarse en Tus altares, donde la fuente de los leones, entre peces de colores, se hacen flores de arrayanes.


Virgen de las Angustias, jamás ningún rostro fue capaz, de trasladar en la misma impronta a tan irremediable dolor, hermosura parecida. Solo por Ti, la gloria infinita, solo por Ti, la filigrana, solo por Ti, el verso y la rima y el canto por seguirillas se hacen fuego en Granada.

Queridos amigos, quien os habla, ha de dejar trascurrir el tiempo y callar la palabra. Si una imagen bien vale más que mil de ellas, que vengan pues todos y cada uno de los sueños. La realidad está presta a desnudar el pensamiento de versos chicos. A las campanas apenas les quedan un par de bostezos para terminar de abrir sus anchas bocas, y al agua una sinfonía menor, que dejar escapar por la rivera de sus ríos. Este Horquillero que lo es, ha de hacer del silencio la última palabra y de la última palabra, el penúltimo suspiro antes de que mi hombro, pueda sentir nuevamente el peso sublime de su paso. En él duermo cada último domingo de septiembre, por un instante infinito, justo el que me ofrece el tiempo para dedicarle un rezo más, siempre con una plegaria de menos, pues al final, cuando más cerca me hallo y en más detengo mi quimera, siempre el sonido de su campana, estremece mi cuerpo y me despierta.

Decir Granada, es dejar un único instante para decirlo todo sin volver a abrir la boca. Al decir Virgen de las Angustias, al instante no le queda nada. Todo se ha dicho, ahora solo queda ver para creer, o creer mejor, sin haber visto. ¿Quién no recuerda aquel verso anónimo que dice? Tres jueves tiene el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Cristi y el día de la Ascensión. Pues sin duda, y ya que otro dicho otorga a que todo es posible en Granada, bien pudiera decir la estrofilla, Hay tres Jueves que relucen más que el sol, Jueves Santo, Corpus Cristi y el día de la Ascensión y un Domingo de Angustias, propinilla del Señor.



Puede usted venir como si nada
y pasear por mis calles vacías,
o enseñarle pues a deshoras
como mis cuatro farolas,
permanecen de noche encendidas.

Puedo enseñarle la calma,
en una noche cerrada
y como desde una baranda,
una luna gitana
abre sus ojos morenos,
tras de sus negras pestañas.

Puedo enseñarle los cielos,
desde los montes y las chumberas
y el cante que se desgarra,
en cada una de las cuevas.

Puedo enseñarle el aroma,
que tienen todas las flores
y el vuelo de una paloma
y las aguas de colores.

Puedo enseñarle la gracia,
desde otros cuatro balcones
donde pasean las muchachas,
con sus risas y tacones.

Puedo enseñarle la brisa
y el amanecer de los pintores,
cuando dibujan las risas
con sus pinceles enormes.

Puedo enseñarle la Alhambra
para que sienta en los surtidores,
como se besan las almas
de cientos de soñadores.

Y si quiere que le enseñe la Gloria,
venga usted como si nada
pues detrás de aquella loma,
está sentada Granada.

¿Dónde va usted con tanta prisa?
Tenga usted algo de espera.
Pues la Patrona y Soberana
sentadita en la Carrera,
ya le escucha sus plegarias
desde Ronda a Plaza Nueva.

La virgen de las Angustias,
¡La más grande y torera!
Madre entre todas las madres
en este Septiembre de espera,
presta a salir a las calles
para quitarle las penas.

¡Oiga usted, mi buen hombre!
Que se lo digo para que crea.
Y si acaso de mi palabra duda,
que venga pues Dios y lo vea.



---------------------------------------------------------------------------He dicho



José Manuel Rodríguez Viedma
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(Texto integro del XVII Pregón Exaltación a la Patrona de Granada
La Santísima Virgen de las Angustias)
ñññññññ
Agradecimientos Personales;
ññññññ
Asociación Cultural y Solidaria Granada Siempre y en su nombre a Don Antonio Méndez, por su encargo.
A Doña Encarna Ximénez de Cisneros, por su amabilísima presentación.
A su Ilustrísima Señora Doña María Dolores de la Torre, Concejal Delegada de Medio Ambiente del Excelentísimo Ayuntamiento de Granada, por sus elogiosas palabras.
A Don Antonio Martín Sánchez, Presidende de la Real Federación de Cofradías de Granada, por su acompañamiento especial.
A TG7 por la divulgación y comunicación del acto, a Don Jorge Martínez por su profesionalidad.
ñññññññññ
A todos, muchas gracias.









sábado, 10 de enero de 2009

Presentación Oficial del Cartel de la Sábana Santa







Presentación del Cartel anunciador, con motivo de la Expocisión sobre la Sábana Santa de Turín, realizada en el Colegio Salesiano de Granada. (Enero de 2.009)





La Sindone
¿Realidad o Ficción?



Excelentísimas autoridades, señor Director del Colegio Salesiano, estimado Padre Conciliario. Señores representantes de la Real Federación de Cofradías y Hermandades de Granada. Hermanos Mayores de Cofradías Hermanas. Representantes de los diferentes grupos de la Familia Salesiana. Cofrades y amigos todos. Hermano Mayor de la Real Cofradía de Penitencia y Hermandad Salesiana del Santísimo Cristo de la Redención y Nuestra Señora de la Salud. Amigo. Muchas gracias por tus amables y sentidas palabras sobre mi persona. Son ya muchos años, aquellos que nos conocemos y es por eso que el cariño y el afecto son mutuos.

Palabras que sin duda son doblemente agradecidas, pues si bien estas proceden producto de una sincera amistad, con ellas alivias de buena manera, el camino que separa el asiento reposado del cuerpo, hasta la firme presencia de este, una vez ya, alzado y frente al micrófono. Muchas gracias y felicidades a ti, a la Junta de Gobierno que presides, a cada una de las camareras, costaleros, cofrades, que celebráis los XXV años fundacionales de la Hermandad, de la que me honra pertenecer. Gracias a mi padre y a mi hermano, fundadores que me integraron en ella desde el principio. Y gracias y felicidades a todos, por permitirme seguir disfrutando de ella, día a día, paso a paso.

Quizás al encontrarme hoy tras de estos micrófonos, la voz, el sentimiento y la calma, no sean una fiel imagen que refleje lo que este presentador pretende con su lectura. No es cierto que las dudas me conmuevan. Simplemente porque las dudas hace ya tiempo que se quedaron totalmente disipadas. Quien os habla, no es la primera vez que lo hace para cantar a los cuatro vientos las maravillas de una Semana Santa que respira por si sola en cada tramo de una calle o sigilosamente dormida bajo la luna más bella de Granada. No es la primera vez que mi palabra acaricia los latidos de mi corazón a medida que los recuerdos se dibujan en mi mente como si fuera siempre la primera vez que los vivo. No es la primera vez, que dibujo un Cristo distinto con mi prosa, amarrado siempre al madero en forma de cruz. No es la primera vez que siento el dolor del clavo, en el amor de quien por amor murió anclado al madero del suplicio. No es la primera vez, que siento el aroma en los calvarios, donde duermen multitud de flores, rociadas por la divinidad de la madrugada fértil de nuestro cielo…

Palios acariciados, con el mimo escondido de un beso. Rezos atrapados en los labios entreabiertos que esperan. Luces que llegan apagadas al regreso, entre una marea de estrellas teñidas de dolor. Miradas perdidas, deseosas de ser encontradas por la Divinidad, antes de ser ligeramente maquilladas por el agua sagrada del llanto. ¡Habrá algo más hermoso que una lágrima concebida por amor!

No es la primera vez que quien os habla, ha tenido la osadía de presentar un cartel. En el que la imagen hacia diluir las palabras en el pozo del silencio, donde solo esta invitada a soñar la imaginación. No es la primera vez, que una instantánea sobrecoge mis sentidos para colmarlos de versos. Allí donde el ojo ve y el alma deja invisible la impronta para seguir soñando.

Que difícil hoy, que ironía… Si por una parte mis palabras dicen la verdad, que mentira piadosa siente el alma de quien os habla. No es cierto, solo me bastó fijarme en su rostro y ya está. Las frases comenzaron a escaparse de los impulsos de mis dedos hasta pintar de negro uniforme, el blanco inmaculado del folio. Vosotros ahora también lo veis…

Fijaros bien en la cara.
Pues bien puede ser, aquel que quiso
con la venia de Dios, hacerse hijo,
que de la Gloria bajara.

Fijaros bien, que os hable el alma.
Pues bien pudo ser, aquel que quiso
hallar la muerte en el suplicio,
de ver su muerte coronada.

Fijaros bien que fue el espino.
Mirar su sangre hecha de fragua,
como el triste cauce de un río
por donde no quiere danzar el agua…


¿Realidad o ficción?

El Sudario descansa en Turín. La Sabana Santa, la Sindone o el Santo Sudario que envolviera los restos de un hombre, marcados por el sufrimiento, pasión y muerte por la crucifixión. Que curiosidad, que al detallar los hechos de su muerte de Cruz, no pocas gentes, entre los que se encuentran expertos científicos, escritores e historiadores, ponen nombre propio al hombre, para llamarlo Jesús de Nazaret. La misma tela que lo cubrió en el Sepulcro y que hoy descansa en la Catedral de San Juan Bautista de Turín, en Italia. De la misma manera, otros creen que el Sudario, no es más que un fraude o falsificación medieval, que ha sabido llegar hasta nuestros días. Siempre con la interrogación escéptica, entre una ficción capaz de dejar atrás una realidad, quizás palpable ante nuestros ojos.

Una pieza de lino, cuyas dimensiones no sobrepasan en gran medida las de cuatro metros con treinta y siete, por uno diez. Que abren el debate de la realidad y la mentira.
Y aquí, quién os habla, quién os presenta el cartel que dará lugar a la magnífica exposición sobre la Sindone que nuestra Hermandad realiza con motivo de su XXV Aniversario Fundacional. No puedo por más que lo intento, dejar escapar una extraña sensación de miedo y de respeto. Miedo, simplemente a que la palabra de un poeta ante la realidad de tener, aunque sea una imagen lejana en el tiempo, el verdadero rostro, la verdadera imagen, de Cristo. Aquella por la que ninguna gubia se deslizara por la inspiración de un escultor, más que las manos de Dios. Sus rasgos, solo moldeados por la apariencia real del hombre hecho Cristo por el insulto y el látigo. Si amigos míos. Un miedo real ante la visión ficticia aún por reconocer ante siglos de silencio y de bocas calladas. De ahí que la propia mía, la de este poeta que os habla, no sea más que la resonancia que emite el eco de mis emociones. La Verónica de todos los tiempos, (quizás plasmada en forma de mujer, para hacer de ella la más hermosa leyenda y realzar aún más la belleza inmaculada de Tu faz.) Miedo, al pensar que puedas ser quién dicen que eres y que sin duda tienen razones que la ciencia les ha permitido dar, para ser firmes sus convicciones. Las mías, solo se amarran a la fe que hace de mi creencia, el ser la fuente dónde cada mañana, quisiera que mi hijos bebieran hasta saciar la sed de sus pequeñas bocas.

Miedo, al detenerme un segundo en el tiempo y pensar que has estado aquí en cuerpo y en alma. Miedo, al pensar que tus rasgos nos son tan familiares, que te hubiésemos reconocido en cada calle, en cada plaza, en cada rincón. Sólo nos hubiese bastado escucharte reír. Cuando las palomas de la plaza de las Pasiegas hubiesen revoloteado ante Ti, desplegando sus alas nuevas. Mientras la brisa hacía rizos con tu pelo y las campanas de las Torres más altas de Tu casa, emitieran el mismo sonido, que aquellas que bien pudiste sentir, hechas de barro en manos de otros chiquillos en las calles de Nazaret. Miedo sencillamente a no ser justo, Al llamarte Abba, de la misma manera con la que Tú llamaste al Padre grande del cielo. Miedo sencillamente a no acertar con el protocolo, porque a pesar de ser la única eminencia en la tierra, solo acierte por amor, a poder llamarte de Tu.

Respeto, por que mi palabra no se sustenta de pruebas confirmadas, para creer en Tu imagen. Y solo se alimenta de conclusiones que buscan en mi corazón, una necesidad nueva para seguirte. Bendito engaño si así lo fuera. Púes mañana Abba, al encontrarnos frente a frente. Cuándo el último aliento de mi voz quedara inerte, en la comisura de mis labios. Al toparnos, en Tu camino, permite que mi pecado, sólo fuera pecado de amor. Fruto de la mentira más piadosa, con la que alguna vez me consintieron, poder tener tan cerca Tus manos.

Aquí la voz que ciertamente tiembla al sentir Tu mirada atravesar mi espalda, cuándo suspiro en cada golpe de aliento. Sencillamente porque quiero pensar que si… Con mi miedo y mi respeto, con el silencio y la voz. Ambos amarrados a la prosa del tiempo descrita como bella metáfora invisible, en el pozo humilde de Tus ojos cerrados.

Quiero pensar que si eres Tú, quien cargó con la culpa de nuestros pecados y se los llevó a la Cruz, entre senderos que apuntaban al Gólgota de la muerte. Que si eres Tú… Hijo de carpintero bueno, al que el llanto oscuro y privado de su vida, tuvo que llenar de lágrimas las virutas de su mesa y las astillas de su pan. “A este Hijo mío me lo van a matar” Y así lo hicieron…Lo mataron, porque no existían leyes escritas plenamente para el Hijo de Dios. El se encontraba vivo orando en desiertos de arena, encomendándose al padre de la verdad. Quiero pensar que eres Tú… Quien cierra los ojos dos mil y pico años después, por qué aún no encuentras motivos para poder abrirlos y no encontrar el mismo mundo que dejaste de injurias y de mentiras. Quiero pensar que eres Tú… quién duermes detenido en el tiempo, en el lino sagrado de la piel que no vemos. Pero estas ahí… Pescador de sueños. A los pies de enfermos y necesitados. Jugando con los niños, mientras guiñas tus ojos ante el picaruelo que besa Tu bendito rostro. Como quién roba un beso sagrado de las mejillas del creador. Eres Tú… Quién muere mil veces más en distintas cruces, entre cientos de clavos, cada vez que la plegaria choca de frente en los cristales de nuestros balcones cerrados. Quiero pensar que eres Tú. Porque tampoco tengo razones para pensar qué no lo eres. Acaso… Abba, no nos enseñaste que la Fe es invisible y sin embargo se toca en cada beso. Acaso no estás en el tiempo impregnando la flor con el rocío de cada mañana. No eres Tú quién se refleja en el llanto de los niños que pierden la infancia a golpe de ultraje. No estás en los silencios cofrades de las madrugadas bajo el respiradero. Acaso no estás en las plegarias pérdidas y en los abrazos encontrados hallados en las esquinas del amor adolescente. No eres Tú, quién nos cobijas de la tormenta gris del desespero. No eres la voz callada del agua de los ríos. No eres la flor de la Alhambra hecho arrayán y aljibe de vida. No estás en las campanas altas e inalcanzables de las Catedrales… Abba, no estás siempre en la risa de los mayores cuándo desprenden sus páginas sabias y nos las meten en los bolsillos para no tropezar de nuevo. No estás acaso en la muerte qué no vemos y en el llanto de la despedida eterna. Acaso no eres Tú quién hace danzar el incensario cada Jueves Santo por las calles de Granada. Abba, no eres la lágrima en la mejilla de quién te observa. Acaso no eres el positivo de la propia vida, desplegada en el negativo de la propia muerte, aún hoy por entender.



Quiero pensar que eres Tú. Al verte hoy, coronado de espinas, aunque estas se muestren diferentes en las formas y pasen inadvertidas en la cárcel de Tu cabello. Quién escogió la corona del rosal y deshecho el oro de los Césares. Quién tras la muerte refleja en su costado, la herida de la lanza clavada una y mil veces más para cerciorarse que Tu muerte era aún más muerte. Eres Tú, porque aún Tu lienzo tiene atrapado el polen de aquellas flores que pisaron Tus pies, mientras buscabas el amor en la tierra y prometías el cielo a fuerzas de besos y caricias. Eres Tú… porque veo en ti el clavo atravesado en las muñecas que se hicieran miel entre la sabia del tronco. La nariz partida por primera vez. Los pómulos hinchados por el bastonazo de Anás. Tú barba empolvada, escupida y arrancada, al utilizarla de alzador de Tu sagrado cuerpo, en una de Tus tres caídas. Eres Tú… al ver la sangre derramada injusta, en esta Sábana de amores, seca como la flor insertada al libro más hermoso de la vida. Recostada en Tu cintura, sencillamente muerta como flor de primavera…

Quiero creer en ti…
Porque no creer, si así lo fuera,
seria dudar de igual manera,
de esta devoción sin fin
hacia mi Cristo hecho madera.

¿Y si no estuviera en lo cierto?
Qué acaso mentira fuera.
No es mentira mentir,
por amor en esta tierra
sin con ello al amar se ama,
sin con ello al morir se muera.

Pero siempre cerca de Ti.
Aúnque no encuentre una escalera.

Acaso no es de la vid,
el vino puesto en la mesa.
¡Quién me lo iba a decir!
que antes que se moliera,
fuera el fruto de una rama
que ni el viento lo moviera,
hasta poder acercarlo a mi boca
rebosando en vida… Tú sangre eterna.



Acaso no es de la espina,
la daga incrustada en la rosa.
Aquellas las más hermosas
que eligieran para Tu muerte,
hacerse presagio y corona.

Para posarla en Tu frente,
como una amarga aureola
de aceitunillas verdes,
que fueron vinagre a Tu boca.

Quiero creer en ti…
Aunque ya de por si me sobra
qué no me puedo arrepentir.
Pues al haber visto Tú obra,
ya solo al verte morir,
hiciste de mis noches de abril,
Sudario Santo de lino y de sombras.




Y como las sombras… ¡Confusas! Pero no por ello deben de ser irreales. Siempre que he tenido la posibilidad de presentar un cartel. He afirmado con seguridad que estos, además de mostrarnos el arte plasmado, en la milésima de segundo que tarda un artista de la fotografía, en pellizcar el pulsador de una cámara y hacer la imagen inmortal. Adquieren la responsabilidad de anunciar y ser antesala de lo que está por llegar. Los propios carteles que en vísperas cercanas a la cuaresma, colgarán de nuestras bellas fachadas. No serán pregones muertos sin sonidos. Todo lo contrario. Cada cual entenderemos su mensaje de una manera particular. Para algunos, la Pasión esperando sigilosa tras del templo. Donde un Cristo se deja observar entre una marea de lirios. Para otros, la noche acariciada por la luna, en una de sus equinas. Ensayando una vez más, la letra cuidadosamente creada para ser espina de una saeta. La cera derramada lo mismo que una lágrima. Empeñada en seguir el cauce del río lloroso de unos ojos imaginarios. Un cartel amigos míos, es siempre un pregón que carece de tiempo y de medida. Es la noticia silenciosa capaz de gritar lo suficientemente alto, como para ser advertidos por nuestros sentidos. La proclama que nos adelanta el tiempo como por arte de magia. ¡Que nueva ironía! Casi siempre una imagen del pasado, será la reseña del futuro, mientras el presentador, rompe su virginidad a golpe de palabras inmortalizando la imagen del presente. Pasado, presente y futuro.

Pero… y la Sindone. La Sábana Santa. ¿Qué anuncia? ¿Qué proclama? ¿Qué nos pregona? Nuevamente me dirijo a Ti, como si en Tu efigie, me empeñara en encontrar las palabras que hoy me faltan. Me conformaría con hallar esas mil que valen menos que una imagen pero qué quizás aún no entendemos a ver reflejadas. Atendemos a Tu pasado expectantes y seguimos el camino que hasta hoy nos has hecho llegar hasta nosotros. D. José Manuel Pozas, Conciliario de nuestra Hermandad y miembro del Centro Español de Sindonología. Ha compartido con varios de nosotros hermosas horas y enseñado en gran medida el paso del tiempo desprendido del Lino que acoge Tu figura. Nos ha mostrado las investigaciones. He visto como juegas con la ciencia. Cómo si te divirtiera nuestro asombro y te hiciera reír las confusiones en las que nos haces caer, cada vez que el propio tiempo nos hace avanzar en nuevas reglas y tecnologías. Pasaron 1.898 años hasta que por primera vez Secondo Pía, fotografiara la tela sagrada de Tu rostro. Fue el comienzo de un final que se nos antoja largo, quizás infinito. Investigaciones, pruebas, carbono 14. Fotografías, ensayos, muestras… ¡Otra gran ironía! Padre como te gusta. En los siglos primeros, la posibilidad de que el hombre tuviera pruebas irrefutables de qué fueras Tú, el Cristo de hombres buenos y malos eran nulas. Siempre insuficientes, sin embargo, guardaban Tu reliquia y la defendían a espada, aquellos que la poseían. Otros murieron solo defendiéndose con la fuerza aplicada de la palabra. Hoy, más de 2.000 años después. Cuándo la inteligencia del hombre cuenta los astros por mil. Aumentan las dudas y se despiertan las inquietudes. Avanza la tecnología y retrocede la Fe. ¡Sabré que has resucitado, cuándo pueda meter uno de mis dedos, por la llaga traspasada del clavo entre Tus manos!

Te muestras… y estas aquí. Nosotros nos empeñamos en desacreditar aquello que vemos... Desechamos la imagen y nos quedamos con las palabras… aunque sean menos de mil.



Lo reconozco queridos amigos, no soy imparcial. Quiero pensar que Tu anuncio, no es diferente en gran medida, a los carteles cuaresmales qué anuncian las salidas de Penitencia en nuestra Semana Mayor. Pasado, presente y futuro. Tu pasado de hombre hecho Cristo para llegar a nosotros. Recordando la Pasión que acabó en muerte de Cruz en el Monte Calvario. Tu cuerpo maltrecho, dónde se observa el odio marcado en cada una de Tus cicatrices. Tus ojos cerrados, nuevamente cerrados. Pero sin llegar a depositar en ellos, la espuma blanca del sueño. Mucho menos la muerte. Estas ahí… escuchándonos una y mil veces más. Atendiendo a aquellos niños de barriguitas infladas qué comen moscas con arroz. Estas ahí… sintiendo nuestras plegarias y atendiendo nuestros suspiros como si fueran los únicos. Estás asomado a la ventana del tiempo. Sintiendo como los aromas de las estaciones se detienen y ponen olor a la primavera. Estas ahí… descalzo para no pisar las estrellas. Mudo, mientras observas como el gorrión te habla posado en Tus hombros doloridos. Estas ahí… con la eterna grandeza de Díos posado en Tus plantas y la perpetua y sencilla imagen de hombre, que se niega a abrir los ojos, para no volver a dejar escapar otra lágrima.

Eres el más hermoso pasado. ¡Quererte sin haberte conocido! ¡Amarte sin haber cruzado una palabra! ¡Creerte! y no poder verte, para aferrarme aún más a nuestras convicciones. ¡Sentirte! Y no escuchar Tus pasos cuándo vienes o te vas. Eres presente, el más hermoso de los presentes. ¡Escucharte! Y no distinguir para nada el tono de Tu voz. ¡Olvidarte! Y saber que estas ahí… cada vez que te recuerdo. ¡Hablarte! Y saber que nos escuchas. Eres el más hermoso de los futuros. ¡Echarte de menos! Y saber que jamás te has ido. ¡Besarte! A sabiendas que es Tu rostro y no otro al que ponemos el sello de nuestro beso. ¡Llorar! Sin saber a veces cómo y por qué. Qué hermoso cartel de cuaresma, si así lo fueras. Pasado, presente y futuro… Y Tú jugando al trompo, con una media sonrisa. Haciendo dar vueltas y vueltas a cada una de nuestras indecisiones.
Bendita ficción si así lo fueras.
Un engaño que el tiempo nos trajo,
envuelto en ramillas secas.
Púes también es una ficción,
decir que duele el corazón,
cuándo uno ama de veras.


Ficción el amor que no se toca.
El beso que duele y que encarcelas,
cuándo muere en otra boca
y hacen lucir las estrellas.

Ficción el abrazo que forma,
el calor de una candela.
La amistad que habita en el gozo
de cientos de frases sinceras.

Ficción todo aquello qué no se toca.
Ficción los sueños, las primaveras
y todos los versos ocultos,
que hacen nacer los poetas.

Ficción la música de querubines,
qué hacen tocar las trompetas.
Cuándo llegan otoños dorados,
desnudos todos, entre hojas secas.

Ficción la mirada de un niño
qué pregunta, qué ama, qué sueña.
Alzado en los brazos del padre,
alcanzado la luna llena.

Ficción todos los sueños.
Los que vienen, los que no llegan.
Ficción todas las lágrimas
y ficción son las promesas,
en tantas noches que el tambor
pone cresta a las saetas.

Bendita ficción, sí es de mentira,
este lino, paño o tela.
Si es mentira una oración
y que duela el corazón.
¡Que venga Dios y lo vea!


Que lejana al tiempo. Que libro inmenso, deshecho en tan complejas páginas jamás escritas. Inmensa la responsabilidad de acreditar al cien por cien, no la fiabilidad de que existieras, sino que estuvieses ahí. Destrozados Tus huesos, Tu piel y Tu alma. Qué enorme compromiso, certificar al cien por cien, no la desconfianza de que nacieras y vivieras hace más de dos mil años. Pero por lo contrario, que no fuiste Tú, quien estuvieses ahí. Con los ojos cerrados. ¡Sin querer ver! con la boca callada. ¡Sin querer hablar una palabra! Será el tiempo, apoyado en la ciencia, quién nos dedique la certeza, de quién es en realidad el hombre al que observamos en la Sindone. Quizás seas Tú, el que espera el momento justo y el instante infinito para abrir los ojos. Para volver a tendernos Tus manos. Cuándo la realidad sea la más pura de las ficciones y por lo contrario la ficción, no sea más que el preámbulo de una realidad palpable que nos haga abrir los ojos mientras nos preguntamos, una y mil veces… ¿Porqué no?¿Quién mantuvo los ojos cerrados más tiempo… nosotros o Tú?



otra mirada hacia el cartel

He de agradecer de una manera especial, el tiempo que he pasado junto a D. José Manuel Pozas Murcia. No sólo cómo Concialirio de nuestra Hermandad, sino como miembro del Centro Español de Sindonología con sede en Valencia. Han sido grandes momentos, escuchando el magisterio de su palabra. Bien es cierto qué para quién os habla, la Sábana Santa no ha sido una desconocida en mi vida. Algunos libros sobre tan compleja doctrina, han dormido no en pocas noches, como fieles compañeros de sueños, tras el cabecero de mi cama. Pero he de reconocer, qué tras las charlas mantenidas, dónde nos iba desgranando los avatares y misterios de esta. En mi interior se despertaba un interés propio, de quién absorto, descubre todo un mundo a su alrededor. Donde no todo lo que existe, conserva la garantía imperecedera de la lógica.

He mirado el cartel, cientos de veces. Cada rincón, esperando encontrar en el, un atisbo qué me indicara un camino a seguir. La empresa no era fácil. Lo sabía desde el primer momento que se me otorgaba la responsabilidad de presentarlo. En realidad, me dije; - Sólo se trata de un cartel, el cuál anuncia el acontecimiento previsto de una genial exposición y no menos interesante charla coloquio. No es para tanto. Quizás sólo basten unas palabras qué no cansen al personal y ya está. Un compromiso más que sin duda me agradaba, sobre todo. Y no podía ser para menos, si dicho encargo provenía de D. José Manuel. – Ciertamente me equivocaba. En la soledad de quién escribe, el tiempo se diluye lo mismo que el humo hasta desaparecer. No en pocas ocasiones, sin haber redactado sobre el papel la suave caligrafía dónde se forman las palabras. En la cabeza se forman ideas que no llegan jamás a plasmarse, bajo el impulso de los dedos qué deben posarlas sobre la hoja en blanco. En más de una ocasión, mi aliado, el tiempo… Sólo permitía que las miradas, hasta entonces fugaces sobre el cartel, se hiciesen cada vez más intensas. En ellas, la lógica desaparecía y comenzaban a nacer nuevas formas con las que llegar hoy aquí y desgranarlas una a una. ¡Efectivamente! Es sólo un cartel. Un trozo de papel duplicado en varios cientos que colgarán de las fachadas. Cómo si fuesen cometas que el viento ha posado tristemente sobre los cristales y no encuentran el hilo que mantenían sujeto el rumbo de sus sentidos. La gente pasará delante de ellos y dependiendo de sus llamativos colores, de la indecisión y del escaparate. Dejarán escapar por un instante sus pupilas hasta recorrer, quizás de un plumazo, su contorno y sus letras.

¿Qué verán en Ti…? En un cartel el motivo está muy claro. La imagen debe llamar la atención y el texto, dar la información necesaria en tan breve mensaje, para que el anuncio y la comunicación hayan tenido sentido. Fue aquí, dónde nuevamente me detuve. ¿Qué nos muestras…? ¿Quién eres…? ¿Qué quieres…? ¿Qué nos dices…? Y noté como mi piel comenzó a erizarse por momentos. Una cierta melancolía paralizó mis sentidos y sentí la necesidad de conocer más y mejor Tú semblanza. Al fin y al cabo… yo sería también, uno más de los viandantes que navegan calzados por la mar de nuestras calles. Deteniéndonos en cada puerto de cristal, cuándo la imagen nos asalta entre las ofertas y las demandas.

Me negué a pensar que fueras una imagen vacía detenida en el tiempo. Una mancha ilegible, que necesita de la lejanía para hacerte presente. Tus rasgos se acentúan aún más, cuando la distancia se hace camino. ¿Será quizás otra de Tus ironías? ¡Que hermoso cartel! Volví a repetir.
Queridos amigos. Un cartel, qué no anuncia la salida extraordinaria de ninguna Hermandad. No se distinguen insignias que personalicen a nada, ni a nadie. Ningún costalero, podrá sentir sobre sus hombros la imagen fotografiada. No será su peso, la carga improvisada del amor hecho talla con pasiones de gubia. No existe ninguna luna, que se asome tímida a la tribuna del cielo. Ninguna estrella, pone su adiamantado chisporroteo, sobre el cielo real qué nos cubre noche a noche. Ninguna calle se deja ver. Ningún barrio, ninguna fuente, ninguna esquina. No existe lugar reconocido, dónde el caminante pone su mente amarrada a la nostalgia. Ninguna vela tiembla, mientras su aureola de fuego arde, dibujando colores morados y azules. No se escucha ningún tambor. Ningún redoble. Ninguna melodía pone compás a zapatillas ni costales. De ninguna baranda se amarran las manos de algún saetero, derrochando su plegaria al viento de la madrugada. Ninguna Cruz y ningún madero. Ninguna astilla deshilachada del tronco. Ni siquiera hachones o tulipas. Ninguna Luz. Ninguna talla nos hace reconocer el paso. ¿Quién eres?... No existe en el cartel, ninguna capa. Nada ondea a través del viento. No hay penitentes, ni rosarios. No hay capillos espigados, ni caras ocultas que muestren las pupilas ocultas entre telares de colores. No tiemblan bambalinas de costado a costado. Ni caídas de Palios cuándo se alzan hasta alcanzar la proeza del cielo. ¡A esta es! Ningún llamador rompe el silencio con su aldabonazo, dónde se rompen los sueños, bajo la única condena dulce de volver a soñar siempre una vez más. Ningún capataz grita. No existe ninguna torre que dibuje en su cabeza una campana. No se forjaron el plomo, ni el acero. No hay puertas abiertas. Ni Cruz Guía. El humo de los acólitos turiferarios, no improvisa ninguna niebla celestial con sus inciensos. No hay monaguillos. Ni costales, ni fajas amarradas a la cintura. Ni siquiera un rostro nítido, no se distinguen las lágrimas. No hay ninguna Madre eterna que lo siga a los lejos. No se escucha el llanto. Pero esta ahí. No existe escultor a quién adjudicar su talla, ni escuela que la siga. No se distingue la Alhambra ni de cerca… ni a lo lejos. No está Granada vestida en sedas de Alhamar, cortejada por bellas estampas inmortalizadas en colores de azucenas. No hay arrayán… ni surtidores. ¿Dónde está el agua? No existe el lirio bajo Tus plantas… ni sobre ellas. No hay palmas, ni gentío rodeando Tu semblanza. No existe una brisa que permita apagar las velas para volver a encenderlas en el interior de su cueva amarilla, dónde habitan las promesas. Existes nada más que Tú. En la soledad de la muerte, ¿Qué nos muestras…? ¿Quién eres…? ¿Qué quieres…? ¿Qué nos dices…? Quizás otra de Tus ironías…

¡Nos muestras lo que eres y acaso sólo quieres, que entendamos, todo aquello que nos dices!

Que imagen tan completa,
qué mueve el viento y no la rama.
Fíjate que al verte de cerca,
al poder mirarte la cara.

Sueño que al despertar quisiera
que fueran cientos de estrellas,
las que en Tu cielo brillaran.

Y cómo no hay luna en Tu pelo
y cómo no es miel Tu mirada.
En ella sueño que quiero
poder ser costalero
que te llevara en volandas.

Qué imagen tan completa,
que mueve el viento y no la rama.
Fíjate que al verte de cerca,
hasta distingo en la nada,
alguna fuente llorona
con versos chicos de Alhambra.

¿Y es qué soñar no puedo?
¡Acaso poner palabras!
Si al soñar solo pretendo,
que al ver Tu cara en un lienzo,
fuera como si hablaras.

Y en aquello que yo no entiendo,
se hiciera presa mi lamento,
de una voz hecha plegaria.


Qué imagen tan completa,
qué mueve el viento y no la rama.
Fíjate que al verte de cerca,
he sentido en la garganta.

El pecado inocente
de quién puso ante la gente,
un suspiro muerto en el alma…

No hay trompetas de acero.
Paso, gubia, madera, talla,
insignias, monaguillos costaleros,
plomo, metal, ni campanas.

Sólo un rostro deshecho,
entre el lino de una sábana.

Ninguna luna, ninguna estrella.
Ningún rincón, ni una plaza.
Ningún saetero cantando,
ni voces, ni barandas.

Velas, aureolas, fuegos.
Llamador, bambalinas, plata.
Orfebrerías qué entre barales,
sostienen martinete y fragua.

Qué imagen tan completa,
qué mueve el viento y no la rama.
Pero Fíjate que al verte de cerca,
al poder mirarte la cara.

Aún pretendo seguir soñando.
Que esta ciencia que nos separa,
pueda añadir al milagro
de Tu Sindone anhelada,
el que tengan Tus ojos cerrados
el perdón a los pecados,
escritos en fusta a Tu espalda.

Déjame seguir soñando,
porque soñar no cuesta nada.
En esta imagen completa
qué mueve el viento y no la rama.

Tal vez tras de Tu lienzo,
quiera soñar que se apreciara
una mar hecha universo,
con cientos de torres altas.

¡Ya sé qué no es cierto!
Qué sólo es musa mi palabra.
Qué sólo es lino perpetuo,
no arcilla hecha muralla.

Ya sé que no existe fuente,
por la que lloran las aguas.
Sino espinas en Tu frente,
silencio, odio, martirio, calma…

Pero que imagen tan completa,
sería el sueño de quién te habla.
Una ironía, una quimera
qué mueve el viento y no la rama.

Saber que Tus pies descalzos,
en primaveras de escarcha
anduvieron por estas tierras,
dónde se alza Granada…

¡Ya lo sabes, es un sueño!
Ante Tu Sábana Santa…
Capaz de arrancarle al tiempo,
aquello que tienes de viento
y quiso posarse en la rama.


Es así y no de otra manera, como veo, siento y puedo llegar a describir, el sentido del cartel que hoy se ha presentado. Que dará origen a la magnifica exposición los días siete, ocho, nueve y diez de enero próximo. El día diez tendrá lugar la mesa redonda qué sobre la Sindone, presidirán; D. José Manuel Fernández–Figares Pérez (Catedrático de Biología Celular de la Universidad de Málaga.) D. Ignacio Villar Revilla, (Licenciado en Teología, en la pontificia Universidad Salesiana de Roma y Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Valencia.) D. Jorge Manuel Rodríguez Almenar (Profesor del Departamento de Derecho Civil de la Universidad de Valencia) y Presidente del Centro Español de Sindonología. Y D. José Manuel Pozas Murcia. (Salesiano, Conciliario de nuestra Hermandad y gran amigo,) que junto con todos los anteriormente mencionados, ejercen como miembros del Centro Español de Sindonología.

Así acontecerá Dios mediante. En un año 2.009 recién estrenado. Cuándo casi, aún resuenen en nuestros oídos los llantos de Tu Divino nacimiento en Belén. Cuándo la figura de tres Reyes Magos aun nos regale sus sombras a lo lejos entre paños blancos sacromontanos. Cuándo las luces apenas hayan apagado sus colores y los dulces, todavía se deslicen sobre nuestras gargantas, entre almendras y alfajores.

Así Abba… Así puedo verte hoy y lo he descrito. De la manera más personal y sensible qué ha podido sentir mi alma. En la más profunda de las soledades qué siente aquel qué cuándo escribe. Más que imaginar sueña, para poner en negro sobre blanco la materia gráfica de un suspiro. Así lo he sentido, vivido y añorado. A medida que pasaban las horas acariciando con mi mirada, cada una de las facciones de Tu rostro y Tu cuerpo. Impregnadas en la medida exacta de cuatro con treinta y siete, por uno diez. La Sindone. La Sábana Santa. Bendito lino que bien pudo ser el que envolviera Tu cuerpo y Tu muerte, hace ya más de dos mil años.
Así lo he sentido y vivido. Recordando las palabras de Juan Pablo II, quién en más de una ocasión visitó Turín y reconociera a Tu lino como un “Icono Sublime”. Perdóname mi osadía, si hoy este humilde orador emplea el sinónimo de; excelso, eminente, elevado, noble, glorioso, extraordinario, grande y sobrehumano. Porque solo aspiro a tener dos conclusiones. Si bien fuiste aquel Cristo, crucificado por amor, no mereciste tal castigo. Si fuiste el Hijo de Díos… Dime ¡Quien soy yo, para poner en duda Tu imagen y Tu rostro! Aúnque tan solo te nos muestres real en Tus perfiles, sobre un trozo de tela. Y si no lo fueras… Bien merece mi respeto, el hombre a quién le hablo. Pues compartió como Tú, el mismo castigo de muerte; la cruz, los clavos, el látigo, la herida de lanza, las espinas en la frente, el bastonazo en la nariz y el pómulo. El insulto qué no se escucha y el odio que grita en cada una de sus heridas.

Ante el me arrodillaría, púes compartió más contigo al padecer Tu misma muerte… qué más de miles de vivos aún hoy. Incapaces de compartir contigo, un sólo segundo de Tu vida.

Dejaremos púes que sea la ciencia, la que siga tirando de los hilos. Hasta buscar cada vez, más respuestas a las preguntas que nos asaltan día a día si así las hubiera… Qué nueva ironía la tuya… Abba… Quizás jamás nos las muestres todas. Sería demasiado fácil para quién ofreciera la vida a cambio de una muerte en la Cruz. Si bien unos ya no tendríamos la férrea misión de creer en Ti sin poderte ver. Otros, bien pudieran perder la mitad de su vida, volviendo a colgar los crucifijos y Tus iconos, sobre las blancas y lúcidas paredes, de tantas aulas donde se reparte el magisterio laico de sus colegios.

Cada cuál, emplee el tiempo en sacar sus propias conclusiones. Cada cuál ame a su manera. Cada cuál sienta y predique con su ejemplo. Cada cual viva y muera como está escrito.

Yo prefiero seguir soñando… a veces y sólo a veces, queridos amigos, el corazón ve más allá de los sentidos… Sólo basta tener los ojos cerrados, mientras el alma busca sin reparo, como siempre… el eco oculto de una campana.


Te he mirado,
y me has hecho acercarme a ti.
No he tenido miedo al engaño,
púes mereció la pena sentir
que fue preferible vivir
y pensar en haberte soñado.



Qué Tú te acercaste a mí
que ironía… yo al otro lado.
Coronado Tú, de espinas mil
y tan solo en medio de ambos,
una tela de lino gris.
¡Quién me lo iba a decir!
Qué fuera sangre de Tu Sudario.



Muchas Gracias.

José Manuel Rodríguez Viedma

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