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martes, 27 de septiembre de 2016

VERSO La sonrisa de los girasoles. Antología.





SONETO DE LO PERDIDO

Rota estaba la piel sobre la escarcha,
de una sombra de cristal, que era la tuya.
Sobre una rama la savia y la grulla,
con la seda en la piel, de otra muchacha.

Te di mi caricia redonda en la almohada
cuando sonaba tu sí, sobre mi duda,
en la delicia de tu verso te hallé desnuda
otra noche blanca de mar inacabada.

Lloraste amargos recuerdos de lo perdido
con otra lágrima de sombra en el tintero
y la rúbrica en la carta de lo herido.

Escrito estaba en la sombra -yo te espero-
no importa mi amor, si tú te has ido,
si tú mueres de amor, por ti yo muero.



José Manuel Rodríguez Viedma
Cuadro; EL BESO de Thomas Saliot

lunes, 12 de septiembre de 2016

Poema de "Verso" La sonrisa de los girasoles. Antología (2.016)





CONSEJO SENCILLO DE LA VEJEZ


Siempre en la puerta sentado.
Lo mismo estaba el chiquillo,
con una varilla en la mano
y la sonrisa de trigo.

En sus ojos se dibujaban
universos recién estrenados,
y en las rodillas cantaba
entre una negra maraña,
un cardenal de cuidado.

El pelo a la brisa desnudo,
las manos al río en volandas,
y los pajarillos con disimulo
sentados en negras barandas.

¿Quién fuera aquel chiquillo?
que más que mirar te miraba,
como si en su grandeza de grande,
¡Tan grande se reflejara!
Con un puñado de años ¡ya!
clavados en las espaldas.

Que daría yo, porque no crecieras.
Porque siempre fueras pequeño,
para que aunque tú no lo quisieras
pudiera yo ser el dueño,
de hacer que no despertaras
de la infancia de tu cuerpo.

Ya ves niño, mis arrugas.
¡Rasgando piel al entrecejo!
Sin que tenga mi alma la duda,
en esta cabeza desnuda
de que soy un hombre más viejo.

En mi sabiduría yo hallo la fuente
y en ella tú bebes consejos.
Pues la vejez es como un barco
que siempre te lleva a buen puerto.

Un barquito de papel,
cargado de buenos remedios.
Tan dulce como la miel,
que se hunde con los dedos.

¿Para que quieres crecer?
Si al final el mundo entero,
no es más que un atardecer
que solo coge en el sombrero.

En tu infancia la nube se torna,
como una caracola de ensueño.

En la distancia una paloma
no es más que un cascabel pequeño,
que suena cuando se colma
de cientos de recuerdos buenos.

Crecer es solo llegar más alto.
¡Pero nunca llegar el primero!

Pues a veces  con un garabato,
aunque sea un garabato pequeño,
llegas a tocar con las manos
la senda sublime del cielo.

Yo también quise ser grande
y subirme a un molino viejo,
y desde allí ver el paisaje
de donde nacen los besos.

Yo también con mi rama joven,
quise poner en la hoguera leño
y llenar mis futuros presentes
con más de un millón de recuerdos.

Tan grande y tan holgado
que ya por más que los cuento,
alguno se me queda colgado
en otra rama del pensamiento.

Hacerte grande ¡es perder!
los principios de los cuentos,
aunque aprendas bien a leer
con los ojos del firmamento.

¡Yo no maldigo la vejez!
que bien merecido mi tiempo,
fue como un manantial
que poquito a poco me fui bebiendo.

Solo te pido ¡chiquillo!
que como tú también has de hacerlo,
bebe poquito a poquito
con cientos de sorbos pequeños.

Y hagamos un trato entre ambos
aunque en este trato la vejez,
sea un nuevo garabato
atado entre tu zapato,
como una cometa a los pies.

A cambio de tu sonrisa
yo te daré el mejor de los cuentos,
mientras dejo que entre la brisa
se duerman tus ojillos tiernos.

A cambio de tu mirada,
yo te daré mi sombrero
y en el hallarás la barca,
al timonel y al marinero.

¡Ambos en volandas!
se llevaron el vergel de mi tiempo.

Ya se ha dormido el chiquillo,
entre la savia de los almendros.
Mientras el aire le besa el flequillo,
¡yo velaré por sus sueños!

Ahora te acuno entre mis brazos.
¡Ya lo ves, que no me quejo!
solo apelo a nuestro trato,
pues en este campo sin riego
¡lo que yo daría por hacer…!

Seguirte viendo crecer,
sin yo hacerme más viejo.


José Manuel Rodríguez Viedma


miércoles, 17 de junio de 2015

De "La sonrisa de los girasoles"





VERSO DEL PRIMER AMOR
 
 
 
 
Somos tierra, barro y templanza,
agua, sal, tempestad.
La cáscara de una manzana
y naranja por la mitad.
XXXXXX
Al asomarme a la ventana
y verte que ya no estás,
dime, sonrisa temprana,
¿quién de los dos, llora más?
XXXXXX
Somos pubertad, elogio, alabanza,
amor, infancia y libertad.
La forja de una baranda
y la llave de nuestro portal.
XXXXXX
Cuando me haga viejo en tu puerta
y sienta que ya no estás...
Si fuimos el agua y la yedra,
¿quién de los dos, se fue al mar?
 
 
 
José Manuel Rodríguez Viedma
(De "La sonrisa de los girasoles)

lunes, 19 de mayo de 2014

Extracto del Poemario "VERSO" (La Sonrisa de los girasoles)

 
 
 
YA ESTOY AQUÍ

Te duele.
Te duele la desgana en el pecho
la singladura del tiempo en tus pies
y la dehesa vacía de tu flor marchita.

Te duele la providencia de la palabra
y te duele el olvido.
Te duele la clarividencia de los espejos
y la madurez en la antorcha apagada.
Te duelen los sueños.

Te duele la bofetada del viento
y el círculo imperfecto de tu aliento
impregnando su huella en la ventana.
Te duelen los pestillos del universo
cerrados a cal y canto sobre tus sienes.

Te duele el desespero y el grito,
en el silencio agudo y mortífero de los otros
y la cadencia en la rama tronchada,
donde carraspean los picos semidesnudos.

Te duele la insensatez de tu penumbra
y la luz amortajada de los verbos.

Te duele la cordura del presente
y la tempestad de la luna en su naufragio.
La delicada sábana sobre la piel de eucalipto
y la espada desenvainada sobre la lengua.

Te duele la respiración cuando apenas vives
y la oscuridad prohibida,
cuando a veces sueñas.

Te duelen los huesos cuando besas
y tragas la enjundia de las espinas.
Y solo entonces el dolor que duele
se marchita en una suave muerte,
que aún más duele.
 
Te duele la cicatriz y la mordaza,
el amparo de otra voz y de otro ocaso.

Luego llego y me sonríes
aupada en la paz de otra paloma.
Ahora estamos juntos
y la vida danza entre el limón.

Otro temblor de caricias zozobra tus caderas
y otra leña se retuerce en el fuego
mezcolanza de fiebres y dulzuras.
 
Ya estoy aquí.
En el negro y el blanco de tu palabra escrita.

Cuando te acercas a mi vida imploro
otra vida para hacerla infinita.
Cuando me aíslo en tu latido
y sientes mi lágrima arañar tu sombra…

¿Te duele?
 
 
José Manuel Rodríguez Viedma

viernes, 2 de mayo de 2014

Extracto del Poemario "VERSO" (La sonrisa de los girasoles)


 
 
 
 
CRUZ DE MAYO

 Solo Granada es capaz
de poner en un halo de luz,
el pétalo en una cruz,
y echarse de nuevo a soñar....

Con una flor y nada más
en este empeño andaluz,
ha de estar Cristo Jesús,
echando otras redes al mar.

Con una flor, la tijera y el pero
para cortar la lengua al hablar,
si con ello para faltar,
no se utiliza el salero.

Si acaso se puede pagar,
¡paguen ustedes el sueño!
de ver la gloria en un leño,
con un chavico sin más.

Así es Granada otro cuento
de claveles y gitanillas locas,
que se llevan a sus bocas,
las aceitunillas del beso.

Y así la Granada, el requiebro
todos los tres de mayo,
como diosa en un caballo,
a los pies de un limonero.

Pues solo esta tierra es capaz
de hacer con dos ríos; el mar
y de la flor y la cruz… ¡otro cielo!
 
 
José Manuel Rodríguez Viedma

martes, 25 de febrero de 2014

Extracto del Poemario "VERSO" (La sonrisa de los girasoles)

 
 
INQUIETUD
 
Vuelve pronto si te vas
escucha bien lo que te digo,
no se canse de esperar
ya lo sabes amor mío,
el barquito que en alta mar
navega por tus suspiros.
XXX
Vuelve pronto si te vas
no des tiempo a que el retiro,
sea un polizón capaz
de irse a navegar contigo,
sentado como un caporal
esperando que crezca su trigo.
XXX
Vuelve pronto si te vas
de la barca de mis gemidos,
esperando que el temporal
te envuelva con sus sonidos,
mientras otros remos de cristal
brinden sal en tus oídos.
XXX
Vuelve pronto si te vas
escucha bien lo que te digo,
no me canse de esperar
en este océano prohibido,
y tal vez al regresar
resulte que me halla ido.
XXX
Sobre las olas del mar
junto a otras barquitas de olvido,
sirenas vienen y van
sin haberse despedido,
con los ojos llenitos de sal
plateadas por los caminos.

 
José Manuel Rodrígue Viedma
Del Poemario "VERSO" La sonrisa de los girasoles.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Extracto del Poemário "VERSO" (La sonrisa de los girasoles)


 
 
 
QUEBRANTO EN LA SOLEDAD DEL AMOR

 

Tendré que inventar un aullido,
otra señal que deslumbre el reflejo del alma
cuando la cadencia del suspiro chico,
se derrame en las cuerdas temblorosas de mi beso.

Tendré que inventar una nueva agonía
que sobre mi pecho inacabado describa,
la proeza inadvertida de tu latido sobre el mío
en la caja rítmica de los secretos.

Tendré que inventar una nueva leyenda,
descrita en las páginas saladas, mojadas por tu dedo
y una nueva cubierta de pieles sedosas
formando la contraportada, del mañana cuando llegue.

Tendré que inventar una nueva luz,
calida y semidesnuda entre el fuego de las antorchas
y una nueva mirada enjaulada en las pestañas
de tus ojos cuando sueñan.

Tendré que inventar una nueva sonrisa, quizás,
o una recién estrenada lágrima,
rozando la comisura de tu boca
hasta llegar al péndulo perfecto de tu barbilla.
 
Tendré que inventar una hora más, cuando te halle
y una nueva noche oscura, con sus sábanas de seda.
Una farola en la ventana de los reproches inadvertidos
y un cristal opaco, impregnado con nuestro amor.

Tendré que inventar un nuevo sonido para llamarte
y una nueva caricia cada tarde, si me dejas.
Un nuevo espanto de miedo tras la puerta
y otro adiós, con billete de regreso en la mirada.

Tendré que inventar un nuevo regazo
en mis brazos inacabados sin los tuyos,
en esta prolongación de la carne dispuesta
si así lo fuera, a morir junto a otra carne.
 
Tendré que inventar otro cielo.
Quizás otro paraíso de ternura frente a mi lecho.
Otro pensamiento fugaz y otro olimpo,
repleto de laureles en las sienes de los justos.

Tendré que inventar un nuevo pecado
y arrepentirme de nuevo otras cien veces,
con la cabeza declinada a los zapatos
y los huesos temblorosos, atados a los tobillos.

Y una vez tenga mi nueva leyenda escrita
en la señal bendita y oculta de tu beso.
Una vez tenga mi secreto nuevo
en la agonía sedosa de tu sábana.

Una vez tenga mi aullido nuevo sobre la boca
y una nueva luz resplandeciente, y una ventana.
Una vez tenga una nueva sonrisa
en otro Olimpo en un vergel, junto a otro cielo.

Una vez tenga todo un tiempo por estrenar
y un nuevo sonido abrumador para llamarte.
Unos huesos sin temor a los suspiros
y un billete de ida y vuelta en el pensamiento.

Una vez tenga a punto de cumplir
la condena perpetua de mi pecado.
Una vez tenga mi brazo a tu abrazo
dispuesto a morir por amor, junto a tu carne.

Si ya lo tengo todo, ¡amor! y no te encuentro.
Tendré que inventarte ¡amor!
Tendré que inventarte…

 
José Manuel Rodríguez Viedma
 Del Poemário "VERSO" La sonrisa de los girasoles.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Extracto del Poemário "VERSO" (La sonrisa de los girasoles)








CONFESIÓN FRENTE AL ESPEJO.

 
 
No me digas que no te quieren,
ni desnudes la simetría de tu llanto
en la fragua rota de mi almohada.
Cuando se enciendan los cipreses,...
saldrás a contar alondras
sujetando abriles en los cristales.

Y vendrá el viento y te tocará la cara,
y sentirás sus manos sobre tus ojos
como la antesala de un amor invisible
que te busca desnuda entre las sombras.

Te quedarás tendida en la orilla.
Como una piedra puntiaguda
con otra sal y otra espuma,
con otras vergüenzas inesperadas.

Y sentirás acariciar tu piel desnuda
con el abrazo inhóspito de las olas,
hasta querer morir, para nacer de nuevo
en la misma playa, para añorar su abrazo.

No digas que no te quieren,
pues habrán llenado su luz
nuevamente las estrellas al horizonte,
y dibujado un azul diferente
al océano lloroso de tus ojos.

Márchate cuando tú quieras
sin esperar que nadie te llame.

Cuando el vacío de tu alma duplique tu ausencia,
se multiplicarán por mil los recuerdos
y quizás, cuando ya no estés,
sabrás que todos los que te quisieron
nunca podrán ocupar, el espacio de tu silla vacía.

Y te habrá querido como nunca
el universo de tu soltería,
desterrado por siempre y para siempre
en la tormenta salada de tu lágrima.

No me digas que no te quieren,
los que no murieron junto a tu beso.
Todos se llevaron en sus bocas
la deuda del amor, en tu primer otoño.

En los espejos del olvido
la soledad camina desnuda
y solo se reflejan de puntillas
el amor y los recuerdos.
 
José Manuel Rodríguez Viedma
Del Poemário "VERSO" La sonrisa de los girasoles.

lunes, 24 de junio de 2013

Luna de San Juan


 
 
LUNA DE SAN JUAN
 
 
Se marcha tras la cresta de los precipicios.
Es de noche, y aún su blancura en la mirada,
desvela los nombres carentes de apellidos
como inhóspitos seres despiertos de madrugada.
 
Aún queda el fuego retorciéndose en los leños
y las brasas depositando el sueño de los justos.
Improvisados corazones que saltan en pequeños,
pálpitos de sentimientos carentes de ropa. Desnudos.
 
Tengo el beso del cerezo y la almendra en el recuerdo
y una gota de rocío enmudecida en la pupila.
Advierto el temblor, aún de tu llanto pequeño,
danzando entre la mar oscura de mis rodillas.
 
Casi he tocado con la punta de los dedos la brisa,
por un momento he bailado con la fuerza del fuego.
En un instante me ha dado la espalda la vida
y vuelto a nacer, cien veces de nuevo.
 
Será la hoguera incandescente de tu herida
o el rastro que deja, el amor en el alma. Sería eso.
No tuve dolor, ni miedo a morir en vida,
cuando de nuevo mi vida, llegó a tu beso.
 
Después, el agua tocó nuestros pies, y se fue desnuda.
Bebimos ambos ya, de la misma copa.
En el horizonte hemos advertido que fue la luna,
quien se ha llevado, nuestros nombres sobre la boca.
 
José Manuel Rodríguez Viedma

jueves, 23 de mayo de 2013

Oculto


martes, 9 de octubre de 2012

A la orilla del recuerdo. (A lágrima viva.)



 
SE QUE ME CASTIGÓ EL CIELO


Se que me castigó el cielo.
Que las estrellas no están hechas para mí
ni la suavidad de tu pelo.
XXXXX
Pero un día treparé a lo alto
y robaré cuatro luceros
para ponerlos en tu sueño.
Robaré de un salto el amanecer
y dejaré sola la luna de enero.
XXXXX
Pintaré de rosas la noche
aún sabiendo que me castigó el cielo,
por ser marinero sin barco
capitán de cuatro puertos.
XXXXX
Por no tener espumas mis olas,
ni valor mis sentimientos…
Por no tener llantos, mis pupilas rotas,
¡se que me castigó el cielo!
XXXXX
Por no tener espinas mis rosas.
Por cerrar las puertas del pensamiento
y por haberte querido tanto…
¡Se que me castigó el cielo!
XXXXX
Por querer volar y ser gaviota.
Por querer ser tu silencio…
Tengo las alas rotas
por el peso de tus recuerdos.
XXXXX
Por querer cambiar la historia
y de caminos mis senderos.
Por haberte querido tanto,
se que me castigó el cielo.
XXXXXX
Por tener una espina clavada
desde aquella noche de mayo,
de luna terciopelo y nácar
se que el cielo está llorando.
XXXXX
Por no olvidar el aliento,
ni su tierra, ni el lamento,
ni las sonrisas calladas.
Por tener lágrimas de bronce
que me cortan la cara.
XXXXXX
Por darte el primer beso
y después darte la espalda.
Por tantas noches de desvelo…
¿Sabes tu acaso muchacha?
¡si puede perdonarme el cielo!

 
José Manuel Rodríguez Viedma.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Poemas dormidos para almas despiertas. (Extracto.)



 
 
 
DIALOGO CHICO


 ¿Se puede amar más veces en una
sosteniendo el agua en la mirada…?
¡Si!
Solo si al amar, la incertidumbre oscura,
deja tu universo inerte, en la ventana.

¿Se puede amar más veces con locura,
entre la noche oscura…, entre la nada?
¡Si!
Solo cuando tus sueños acudan
a buscar tu alma desnuda,
entre las fuentes de Granada.

¿Puede el alma soñar desnuda?
¡Si!
¡Vete a buscarla en el agua!

José Manuel Rodríguez Viedma


martes, 18 de septiembre de 2012

Poemas dormidos para almas despiertas. (Extracto.)




EL PRINCIPIO DE UNA CARICIA.

 
Estaban adormecidas…
Una tenue luz improvisada las unió de repente,
cuando la mañana las multiplicó por dos, entre suspiros cercanos
y la luz en la ventana de sus ojos, arañaba el cristal,
entre el espejo dubitativo de sus nombres.
XXXXXX
Estaban adormecidas… casi inertes, casi desechas.
La madrugada se había pasado toda la noche jugando con ellas
hasta dejarlas sin sentido, moribundas y calladas.
Estaban tronchadas entre sí, como dos racimos de uvas,
como las yedras de las verdes tinajas,
como el espino del amor, desventurado en medio de una sonrisa.
XXXXXXX
Cuando se miraron el uno al otro, las encontraron entrelazadas.
Aún olían a besos, a caricias recién estrenadas
y a pompas de jabón difuminadas con el roce precoz de sus cinturas.
XXXXXXX
Al verlas nuevamente y sentir su espina,
decidieron al unísono dar cuerda al motor de la locura.
Se amaron otras cien veces más y ya no hubo noche,
capaz de dejar otra vez, por un instante,
que sus manos ocultaran dar cuerda a los relojes de los besos.
XXXXXXX
En un instante de paz, sus almas multiplicaron las esencias de los jardines.
Las alondras callaron sus picos en las ramas, y a lo lejos…
presintieron que la aurora dibujaba otro astro en sus miradas.
XXXXXXX
Ya era tarde para contar de nuevo las estrellas.
El amor y la fragancia, la locura y el cuerpo,
las había dejado otra vez, adormecidas...
Tiernamente adormecidas…
Se habían mirado a los ojos.
¡Y amado locamente de nuevo!

 
José Manuel Rodríguez Viedma.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Poemas dormidos para almas despiertas. (Extracto.)

 
 
 
 
MARINERO DE REGRESO
 
 
He huido cargado de redes
y regresado al mismo puerto.
Otras tantas miles de veces
y otros cientos que no me acuerdo.
XXXXXXX
Que quiero verte, ¡amor…! y no puedo.
XXXXXXX
Dejé rodar mi timón sin dueño,
en la espesura de la mar celeste,
para solo escuchar en mis sueños
gritar una aurora a su suerte.
XXXXXXX
Que quiero verte, ¡amor…! que quiero verte.
XXXXXXX
Me he preguntado ansiosamente,
por mis cien huidas y mil regresos
y solo me vino a la mente,
que al marcharme tan de repente
se me olvidaron todos tus besos.
XXXXXXX
Que quiero verte, ¡amor…! y no puedo.
XXXXXXX
Arrié mi vela a tu cuerpo,
atraqué mi barco a tu vientre.
Hasta morir cien veces de nuevo
depositando mí sal en tu frente.
XXXXXX
Que quiero verte, ¡amor…! que quiero verte.
XXXXX
Cuado te cayó la azucena del pelo,
deposité mi ancla, en tu simiente
y ambos supimos que el cielo
tiene cien nombres diferentes.
XXXXXX
Regresé ¡mi amor! a tu bahía
y en mi regreso locamente,
al quererte como te quería
entendí que en mi marea fría,
había estado allí, para siempre…
 
 
José Manuel Rodríguez Viedma.

sábado, 7 de julio de 2012

Poemas dormidos para almas despiertas. (Extracto.)



Entre iras y reproches.



Si piensas que todo he perdido,
nada más lejos de la realidad.
Bien baratos vendiste tus gritos,
aún me queda la ¡dignidad!

Si piensas que todo está dicho,
que ya no hay nada de lo que hablar…
Solo es fruto ruin, de tu capricho,
pues aún me queda la ¡libertad!

Si sobre tu sillón de eucalipto,
crees que no puedes aprender más.
Tu torpeza no guarda el ritmo,
de querer saber de honestidad.

Si tu riqueza te hace divino
sobre un castillo de cristal.
Si solo piensas que hay un camino
que siempre nos lleva a tu verdad,
el tiempo te enseñará el destino
de tu pobreza inútil, ¡singular!
Eres el más pobre de los hombres,
tienes dinero… y nada más.

Cuando la muerte te alcance algún día
sobre tu lecho inerte, sin pensar.
Solo le pido a mi suerte,
¡estar a tus pies presente!
y ver lo que te puedes llevar.

Para entonces habrás aprendido
pero ya no habrá tiempo de hablar.
Nunca fuimos amigos,
¡jamás! dos semillas de trigo…
¿Dónde aprendiste tu lealtad?

Si piensas que todo he perdido,
nada más lejos de la verdad.
Con ser libre y honesto yo he sido,
que tú, cien veces más rico,
a fuerza de ¡Dignidad!



José Manuel Rodríguez Viedma

viernes, 24 de febrero de 2012

Poemas dormidos para almas despiertas. (Extracto.)


Solo hay un único motivo para hacer reír  a un niño.
¡No haber dejado nunca de serlo!
Solo existe un único motivo para hacerlo llorar.
¡No haberlo sido nunca...!

José M. Rodríguez Viedma

Lamento triste



He visto tu lágrima rota,
ante el látigo en tu cara impreso
y he maldecido la hora,
de quien a cambio de darte un beso
encontró la fusta traidora
con la que poner al maltrato su precio.

He visto tus ojillos chicos
y el cardenal de tu cuerpo
y mal pagar tus risas en gritos,
para ahuyentar al silencio.

He visto la rabia del lobo,
maltratar la infancia de nuevo
y bostezar su garganta en el pozo,
para dar de beber a los cuervos.

Y ahora… ¡cómo te digo!
que este mundo es reflejo del alma.
Que los hombres se hacen viejos,
contando cuentos en las ventanas.

¡Cómo te hablo de amores!
De primaveras, de rosas tempranas
 de que el abrazo y las ilusiones
pequeña mía… ¡no cuestan nada!

Después de ver tú sangre deshecha,
carecer de sueños a tu almohada.
Mientras se incrusta en tu alma la flecha,
en forma triste de bofetada.

¡Cómo te digo mi niña!
Que las sonrisas jamás inventadas,
duermen como todas las niñas
entre sirenas de una mar en calma.

Después de sentir tus manos tiernas,
después de saber que ya no hablas
y de tener  truncadas las piernas,
que te regalaron a tientas dos hadas.

¿Quién puso en tu camino la mano?
¿Quién la cobardía en tu lágrima?
¿Quién puede llamarse humano
y no estremecerse en tu rabia?

¡Cómo te digo mi niña!
Que no tengas miedo ¡ya a nada!
Que he puesto un jardín a tu herida
y un parche rosa a tu alma.
xxxxxxxxx
Como te digo… ¡qué ames!
si te preguntas ¿a ti quien te ama?
Si hasta por una caricia, se relamen,
los perros viejos de tu plaza.
xxxxxxxxx
¡Cómo te digo que sueñes!
tapadita entre sábanas blancas.
Si no puedo olvidar que tienes
cien pesadillas malvadas,
clavadas cincuenta a tus sienes
y en tu costado otras tantas.

Duérmete mi niña ¡tranquila!
Que un tropel de angelitos te guarda.
Si existe gloria divina
allí a cambio de espinas,
te pondrán aureola de nácar.

Duérmete mi niña ¡tranquila!
que ya tiene la luna blanca,
por escolta cien estrellitas,
para jugar en tus pestañas.

Duérmete mi niña ¡tranquila!
que para quererte solo hace falta,
dibujarte de bailarina
y en el escenario de tu mirada,
besarte de noche y día
tus cicatrices templadas.

Ya se acabó tu tormento
el látigo, la fuerza y la rabia.
Para ti sopita de besos,
para irte a dormir a tu cama.

Ya se acabó tu lamento.
¿Si quieres hacemos un trato?
Mientras la luna te trenza  el cabello,
yo juego con tu muñeca de trapo.

Ya se ha terminado el tiempo
donde llovían los malos ratos.
Voy a contarte un cuento,
donde no existe el sufrimiento
y vengan a ti, besos y abrazos.

Dejaremos que pase la vida.
¡Caramelos serán tus zapatos!
hasta que este pozo de cobardía
que partió tu infancia en pedazos,
deje a la luz, tus heridas
y Dios te haga, princesa algún día,
a cambio de aquellos maltratos.


José Manuel Rodríguez Viedma

Con otras miradas...

Con otras miradas...
La mitad del silencio

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