miércoles, 8 de agosto de 2012

Poesía en el Laurel


JARDINES DE SAN LUIS EL REAL
LA ZUBIA, GRANADA

La novena Edición de Poesía en el Laurel, volvió a ser mágica. Mágica con la música de Xavier Astor & Compañía, Rogelio Gil al saxo, Kiko Aguado a la guitarra, Xavier Astor al contrabajo y Julio Pérez a la guitarra. Mágica en cada uno de sus acordes que daban la bienvenida al acto, toda vez que la palabra del Poeta Pedro Enríquez resonaba entre los jardines, inmensamente mágicos de San Luis el Real. No faltaron los protocolos y agradecimientos meritorios por parte de D. Antonio Iglesias Montes, Alcalde de la Zubia, ni de Ana Sáenz Soubrier, Concejal de Cultura. No faltó nada, para que la noche fuera eternamente mágica y la poesía, por si sola, comenzara a brotar por cada poro de la piel de los que nos congregamos en un nuevo paraíso terrenal.

La Mexicana Leticia Luna, oculta tras el velo de una noche mecida a medias por una brisa tímida, abrió su boca y su libro, y comenzaron a brotar las palabras dulces acentuadas por los gestos de sus manos. De aquel libro abierto, volaron rimas azules que se quedaron para siempre a vivir en el escenario. La piel sintió el roce de su abrazo y el dulce balanceo de su mágica voz, encontró el camino de la Zubia para no perderse jamás. Le bastó una vela encendida para iluminar los sentimientos y los sueños y un nuevo velo, de sangre en esta ocasión, para homenajear con su verbo el dolor de otros tiempos  inmortalizados en negro sobre blanco.

Tras ella, el Poeta Joan Manresa desde las Islas Baleares, duplicó su presencia en el escenario con sus mismos versos, divididos en dos almas gemelas, que hablaban y decían lo mismo con diferente lenguaje. Joan recitó sus versos en catalán, la misma expresión que fueron concebidos y los jardines de San Luis guardaron silencio ante aquellas palabras que sonaban, para algunos incomprendidas, pero que brotaban con dulzura de su alma. A poco de que guardara silencio, su alma gemela, tras del atril, los volvía a transmitir en castellano. Los poemas saltaban de boca en boca, mientras Joan sacaba una llave de su bolsillo y con el puño entre abierto, dejaba escapar sobre el entarimado, la arena, quizás de un reloj roto que había parado el tiempo en el Laurel.

Y llegó la magia del homenajeado. Irrumpió Rafael Guillén después de que una vecina de su infancia, estremeciera al poeta con unos versos de su hermano Jorge Guillén. La cigüeña volvió a volar por los jardines y puso rumbo a la Alhambra, que para entonces y a lo lejos, yacía recostada difuminada en el horizonte. Recogió el merecido premio con sus manos y recitó algunos de sus poemas. A pesar de reconocer burlonamente que jamás se emocionaba, lo hizo. Su melancólica voz, pidió templanza a la música de Xabier Astor que le acompañaba, pidió calma a la brisa que se había apagado por momentos, y pidió tiempo sin abrir la boca, para saborear poco a poco, segundo a segundo, cada estrofa de sus versos, sus mágicos versos, ante una nueva y recién estrenada mágica noche de ensueño, música y poesía.





Una noche más en los Jardines de San Luis el Real. (Aún nos queda otra.) La Poesía en el Laurel hizo nuevamente respirar a la Zubia, como lo hacen los poetas…



Transito


Sentimos la metamorfosis en la leyenda,
nos hicimos flacos y delgados cuerpos sin hambre.
Llegamos con las expectativas del hambriento
y nos fuimos con el remanso de la paz en nuestras barrigas.

Nos supo a poco tales manjares en la huerta de los sentidos,
tan poco, que en más de una ocasión trepamos al árbol
para comernos las frutas de los otros.
Sentimos de tal manera el amargo limón en nuestros labios,
que terminamos por besarnos el veneno de nuestras bocas.
Habrá que volver mañana. (Nos dijimos.)
Esta cena ha sabido a poco en nuestro plato.

Nuestra alma de poeta sigue hambrienta,
el pan en el mantel ya se ha apagado
y las noche en el Laurel, nos ha dejado, la simiente de otra miel,
para beberla ya… sobre otros labios.

José Manuel Rodríguez Viedma.

sábado, 7 de julio de 2012

Poemas dormidos para almas despiertas. (Extracto.)



Entre iras y reproches.



Si piensas que todo he perdido,
nada más lejos de la realidad.
Bien baratos vendiste tus gritos,
aún me queda la ¡dignidad!

Si piensas que todo está dicho,
que ya no hay nada de lo que hablar…
Solo es fruto ruin, de tu capricho,
pues aún me queda la ¡libertad!

Si sobre tu sillón de eucalipto,
crees que no puedes aprender más.
Tu torpeza no guarda el ritmo,
de querer saber de honestidad.

Si tu riqueza te hace divino
sobre un castillo de cristal.
Si solo piensas que hay un camino
que siempre nos lleva a tu verdad,
el tiempo te enseñará el destino
de tu pobreza inútil, ¡singular!
Eres el más pobre de los hombres,
tienes dinero… y nada más.

Cuando la muerte te alcance algún día
sobre tu lecho inerte, sin pensar.
Solo le pido a mi suerte,
¡estar a tus pies presente!
y ver lo que te puedes llevar.

Para entonces habrás aprendido
pero ya no habrá tiempo de hablar.
Nunca fuimos amigos,
¡jamás! dos semillas de trigo…
¿Dónde aprendiste tu lealtad?

Si piensas que todo he perdido,
nada más lejos de la verdad.
Con ser libre y honesto yo he sido,
que tú, cien veces más rico,
a fuerza de ¡Dignidad!



José Manuel Rodríguez Viedma

Entrevista realizada para el Periódico “Ideal” el Lunes día 2 de Junio de 2.012

Entrevista: Inmaculada García Leyva.
Fuente: Periodico "Idedal" Diario Regional de Andalucía. (02/06/2.012)


domingo, 17 de junio de 2012

"72 horas buscando amor" ya está en la calle




"72 horas buscando amor" ya está en la calle.
          




Ayer tarde, a partir de las ocho y media de la tarde, ante un centenar de asistentes que se dieron cita en el patio de la Sede de la Asociación de la Prensa de Granada, fue presentado el libro, bajo el sello de la Editorial Círculo Rojo, “72 horas buscando amor.”

            Entre algunos de los congregados se encontraba la Secretaria General del Centro UNESCO Andalucía, acompañada por dos jóvenes periodistas de la prensa escrita. Miembros destacados de Gobierno del Ayuntamiento de la Zubia, El Presidente de la Real Federación de Hermandades y Cofradías de Semana Santa de Granada, así como algunos de sus componentes de la Junta de Gobierno del Órgano Federativo. Hermanos Mayores de diversas Cofradías granadinas, escritores y poetas, entre ellos, Antonio Sanchéz Ramírez, (El compadre) Antonio González o Álvaro Ramos, destacados Empreasarios de la sociedad granadina y un largo etcétera de grandes amigos, que en la tarde noche del Sábado dieciséis de junio, decidieron compartir una agradable velada literaria.

            La mesa presidencial, se encontraba formada por: La Presidenta de la Asociación de la Prensa de Granada, Doña Encarna Ximénez de Cisneros, el Teniente de Alcalde D. Vicente Aguilera Lupiañez, en representación del Excelentísimo Ayuntamiento de la Ciudad de Granada,  el licenciado en Historia del Arte, D. David Rodríguez Jiménez-Muriel y el autor del libro, D. José Manuel Rodríguez Viedma.

            Aproximadamente diez minutos después de la hora acordada y guardando los minutos de rigor, Encarna Ximénez de Cisneros, encendía los micrófonos de mesa y dejaba escapar los primeros compases de su melodiosa voz, para dar comienzo de una manera oficial, con lo que sería más tarde la presentación oficial del libro. Agradecimientos a la asistencia del nutrido público que escuchaba en silencio cada palabra de ella, solo roto por el sonar de los vaivenes de los abanicos que danzaban al unísono en una calurosa tarde del mes de junio. Breves palabras pero intensas, que dieron paso a las de David Rodríguez Jiménez-Muriel, quien hizo aún más palpable el silencio con la inconfundible majestuosidad de su voz. No importó para nada sus casi treinta y nueve de fiebre en su cabeza, ni el frío interior que amenazaba su cuerpo. Habló como siempre, sin defraudar para nada en cada estrofa de sus cuatro folios perfectamente alineados, en los que describía la obra y el libro, “72 horas buscando amor”.

            Invitó a su lectura con decisión, analizó algunos de sus capítulos sin destriparlos y dejó la miel en los asistentes, que desde el primer instante, se dejaron aconsejar por sus palabras. Tuvo tiempo de hacer un repaso por la trayectoria del autor y de sus publicaciones anteriores. De sus colaboraciones literarias en diversos medios de comunicación y de los trabajos discográficos realizados hasta la fecha. Mencionó a poetas de la talla de D. Antonio Machado y de D. Manuel Benítez Carrasco, de quien señaló sin reparos, refiriéndose a Rodríguez Viedma,  << es el único autorizado para llamarse discípulo de uno de los genios más inconmensurables que un día hubo de vérselas con la vida naciendo en Granada. Así lo dijo el propio poeta y así conviene que quede claro hoy día >> y afirmo con rotundidad; << si hay alguien capaz de continuar la línea poética del albaicinero, es él. >>

            Incidió en señalar  << de que se trata del más inclasificable de los libros  que he tenido la oportunidad de degustar. Porque “72 horas buscando amor” tiene el eclecticismo de las obras que no se dejan definir con facilidad, participando de modos, modismos, y contenidos universales y a su vez personales. >> David Rodríguez continuaba describiendo el libro; << Tiene algo de ensayo, algo de relato y parte de novela. Pero transpira poesía porque la deformación profesional había de estar presente. Su estructura precisamente en 72 breves capítulos de una digestión lectora abrumante. >> Y señaló; << Ahí lo tienen. El que aún crea que se va a enfrentar a un melodrama timorato, algo pusilánime, tendrá la sensación a cada vuelta de página de este libro, de estar frente al tratado filosófico más mundano y directo que le devolverá, como el ciento por uno bíblico, la oportunidad de pensar…>> Para terminar señalando del mismo; << En “72 horas buscando amor” se pasa de la primera a la tercera persona, del diálogo a la reflexión y todo ello bajo el tamiz de la didáctica. Porque como nos ha venido a decir la filología hispánica, son formas literarias aquellas que con fines educativos, casi pedagógicos, saltan del ensayo a la crónica y de la epístola al tratado, para hacer de este libro el más versátil y mudable de cuantos han caído en mis manos. >> Mientras le lanzaba al propio escritor las siguientes palabras; << Dice José Manuel que no pretende nuevas incursiones en el universo de la prosa; y yo, abusando de la amistad, la misma que aflora en una de esas horas de búsqueda del amor, tengo que hacerle un público compromiso hoy y pedirle, comprometerle, a que cuando lo estime, cuando lo crea conveniente, nos haga a todos un regalo: Narrativa pura, leal y legal, porque verán que no miento si les digo que en esta su tercera obra, ha hecho una de las aportaciones más frescas y una contribución que literariamente, remoza el adocenado panorama de las publicaciones. >>

                Al finalizar las aplaudidas palabras del presentador, tomó la palabra el autor del libro, José Manuel Rodríguez Viedma, quien por espacio de algo más de diez minutos, agradeció de sobremanera las palabras de David Rodríguez Jiménez-Muriel, a quien definió como un gran amigo personal, con el que es sabido, y así dejaron patentes en sus interlocuciones, han pasado grandes noches de versos compartidos y de grandes charlas literarias en los rincones más románticos de la Ciudad de Granada. Agradeció de igual manera la asistencia del público allí congregado para la ocasión, de los cuales, algunos, ya tenían en sus manos la recién estrenada obra. José Manuel agradeció especialmente aquellos amigos incondicionales que no faltaron a la cita y lo arroparon en los citados momentos especiales para el autor. No faltaron las palabras emotivas para sus familiares más directos, como su mujer y sus hijos, << pues han sobrellevado de la mejor de las maneras, el trabajo realizado, el cual, me ha mantenido más aislado de lo que me hubiese gustado >> y refiriéndose a su mujer, << como la que más ha sufrido el trabajo compartido en tantas noches de correcciones que a veces le apartaron del sueño, el descanso y hasta la paciencia. >> Matizó de una manera breve la inspiración que le había llevado a realizar la obra y la trato de esquivar, para todos aquellos que no se sintieran románticos o melancólicos; << No hallareis trama alguna, y quizás os cueste reconocer al personaje principal. Lo importante es que al final de su lectura, sintáis que en alguno de sus capítulos, sois vosotros los auténticos protagonistas. >> José Manuel Rodríguez Viedma, citó algunas frases celebres sobre el amor de Paulo Coelho y Ortega y Gasset, mientras de una forma lenta y pausada, sin ahondar para nada en los entresijos de la obra, matizaba algunos puntos y comas con los que el lector se encontraría al abrir su portada.

            Para terminar el acto, el Teniente de Alcalde de la Ciudad de Granada tomó los micrófonos y no perdió la ocasión para alabar el trabajo del poeta y escritor, tanto en el barrio que lo vio nacer, como de la Ciudad de Granada << Eres la bandera de tu barrio. Él y la Ciudad de Granada te deben mucho en el campo de la literatura. >> Dijo el Edil. Hizo mención a las diversas colaboraciones en las que el Poeta ha sido requerido y siempre ha estado presto a ello sin reparos, no perdiendo la ocasión para dejarlo constar de una manera especial. De igual forma, agradeció como los demás miembros de la mesa presidencial, la asistencia al acto, recordando la predisposición del Ayuntamiento de Granada en todos los eventos culturales que promueve la ciudad.

          Casi a los cuarenta minutos, cuando el reloj marcaba próximas las nueve y vente de la noche, Encarna Ximénez de Cisneros, Presidenta de la Asociación de la Prensa de Granada, cerraba con sus palabras el acto de presentación e invitaba a los casi ya más del centenar de personas, a tomar una copa de buen vino español, que para la ocasión D. Francisco Rodríguez Campos, Gerente de las Empresas “Taberna el Enganche” y “La Divisa Blanca, había preparado gentilmente para la ocasión.

           En Granada el verano se había adelantado un par de noches. El vino dejaba tras descorcharse, un perfecto aroma y tras de él, un reguero de rojo manjar adiamantado besaba el cristal de las copas. En la mesa se formaba una serpenteante cola para la firma de libros. “72 horas buscando amor” ya estaba oficialmente en la calle.

lunes, 4 de junio de 2012

Celebración 114 Aniversario del nacimiento de FEDERICO GARCÍA LORCA

viernes, 25 de mayo de 2012

Invitación Presentación Oficial del libro "72 horas buscando amor"



Presentación Oficial del Libro
72 horas buscando amor


El próximo sábado día 16 de Junio a las ocho y media de la tarde, en la Sede de La Asociación de la prensa de Granada y de la Fundación Andaluza de la Prensa, en la Calle Escudo del Carmen nº 3, (antiguo Hospital de Peregrinos) será presentado oficialmente el libro “72 horas buscando Amor”, bajo el sello de la Editorial Círculo Rojo. Dicha presentación estará a cargo de D. David Rodríguez Jiménez-Muriel, (Licenciado en Historia del Arte.)

Desde aquí os invito a todos vosotros, lectores y amigos, para que en este día tan especial, seáis participes junto a mí, del nacimiento de esta nueva obra que verá la luz en Granada de forma oficial.

Aprovechando estas líneas, agradezco de forma especial la participación de D. David Rodríguez Jiménez-Muriel, al cual entregué el primer tomo de esta obra, para que fuera él, quien dando obertura al acto con sus palabras, nos ofrezca la presentación oficial del mismo. No tuvo reparos al ofrecimiento, y sin duda alguna, no puede haber persona más acertada para tales efectos. Gracias.  

A Encarna Ximénez de Cisneros, Presidenta de la Asociación de la Prensa de Granada, que de forma desinteresada y en apenas unos segundos, mostró su entera disposición para acoger en la emblemática y señera Sede de La Asociación de la prensa de Granada y de la Fundación Andaluza de la Prensa, anterior Hospital de Peregrinos, en la majestuosidad de su patio, la presentación de la obra “72 horas buscando amor”.   Gracias.

A Francisco Rodríguez Campos, Gerente de “La Divisa Blanca” y de la “Taberna el Enganche”. Interesantes tertulias se han regado con buen vino, entre compañías castizas de Granada, que merodean por la calle de los Navas siempre con un verso en la boca, como si fuera un recién estrenado repique de campanas. Gracias por la generosa copa con la que nos obsequiarás, en tan enigmática tarde de sueños cumplidos.

A la Editorial Círculo Rojo, por su trabajo final y la distribución de “72 horas buscando amor” más allá de nuestras fronteras. Por vuestra paciencia. Muchas gracias.

Y a todos vosotros, lectores y amigos, a los que de igual forma, os invito a dar un paseo a través de sus páginas. A que vaguéis con el pensamiento en cada uno de los renglones y dejéis transcurrir,  en cada una de sus “72 horas”, la desnudez del alma y el suspiro melancólico de las emociones, que ante nosotros, pasan a diario casi inadvertidas. El poema no se ha tomado un descanso, (es imposible) todo lo más se ha ocultado entre metáforas narradas bajo la almohada del tiempo hasta hacerlas inmortales. Os invito a dormir bajo su misma cubierta, arropados únicamente por la sábana de los sueños imperfectos. En cada una de sus palabras he encontrado la similitud de los cuentos que acaban siempre con un final feliz, porque así debieran de ser, aunque toquemos con nuestras manos la aureola candente de la utopía.

“72 horas buscando amor” ya es vuestro. Lo fue únicamente mío en la soledad de mi mesa, cuando las páginas en blanco se emborronaban no en pocas ocasiones entre ejercicios gramaticales, puntos, comas, adjetivos y sueños, que se desvanecían de madrugada y regresaban a la mañana siguiente borrachos de nostalgia, al haberse bebido el mar en un suspiro improvisado. Fue mío hasta el instante justo en el que el punto final, dejó descansar su redonda cabeza en la última silaba. Fue mío, cuando cerré la cubierta de sus brazos y cerré los ojos, y vuestro… ¡ahora vuestro! cuando es capaz de hablar pluralmente lo que antaño solo me susurró al oído sin límite de tiempo.

El amor está ahí, he llegado a saborearlo en cada una de sus apariencias. (Faltan otras muchas.) Solo basta cogerlo y amarlo de la forma más imperfecta y más humana. Imperfecto porque ha sido escrito o casi tocado por un mortal, que aún se empeña en querer amar a la perfección, y que se aleja de ella, justo en la misma proporción y medida, que lo hace un beso cuando deja en la otra piel el roce de los labios y ha sentido morir, irremediablemente el corazón en su partida….          

            Sin duda alguna, ahora, ¡Ya es vuestro!


José Manuel Rodríguez Viedma




Os espero.

viernes, 13 de abril de 2012

En una mirada... ¡Todo!



En una mirada… ¡Todo!


           Hasta en más de diez ocasiones nos insinuamos con la mirada. Éramos como dos adolescentes que jugábamos a escondernos tras de las páginas escritas que soportaban nuestros dedos. Tú, acariciabas con dulzura un libro. Suponía que leías con ternura y que en cada párrafo que yo imaginaba, el beso de tus pupilas naufragaba en cada sílaba que besaban tus labios cerrados. Yo, sostenía otro ejemplar de Glenn Cooper a tres metros de distancia de tus piernas, y mis ojos, releían una y mil veces la misma estrofa sin avanzar una sola línea.

            El bullicio de la cafetería nos mantenía apartados del resto del mundo. Imaginé por un momento que la distancia se difuminaba entre nosotros y te agarré de la mano para sacarte fuera de aquella tormenta de verano. Por un instante, mis pies intentaron llevarme cerca de tu cuerpo y con un impulso incontrolable, pensé en arrebatarte el tiempo para unirlo al mío y pasar toda la tarde danzando entre la brisa de tu pelo castaño, que caía como una hoja de otoño sobre tu frente. La gente a nuestro alrededor hablaba cada vez más alto. Apenas podía escuchar tus pensamientos, ni tú los míos. Cuando la taza se acercaba a tu boca, tus ojos nuevamente reconocían el horizonte como quien busca a su alrededor la escusa justa para pederse en el olimpo. Y otra vez chocaba con la mía. Hasta en más de diez ocasiones agaché la mirada. El encontronazo de ambas hubiese bastado para comernos en un segundo las vergüenzas, mientras dejábamos al descubierto la desnudez de nuestras sonrisas. Hubiese bastado disponer de un solo segundo y haber parado el tiempo y los relojes. En la mirada nos hubiésemos gritado nuestros nombres y nos hubiéramos llamado por nuestros apodos. En una sola mirada el café se habría quedado helado, y el alma calentado algo más que la punta de nuestros dedos.

            Había agachado otra vez la cabeza, pero tu mirada seguía ahí. Esperando el tropiezo de la mía, para que ahora fueras tú, quien agachara la tuya hasta sumergirla en el ocaso de las páginas escritas en negro sobre blanco. Te sentía respirar por todos los rincones y advertí como los tentáculos de tu aroma se desprendían del precipicio de tu blusa, buscando otro infinito donde perderse. No estábamos solos, y sin embargo, todo carecía de sentido a nuestro alrededor. No sabíamos nada el uno del otro, pero nos bastaban las pretensiones de cada cual, para conocernos de toda la vida. ¡Me armé de valor! y cerré el libro. Ya no había tiempo para echarse atrás y mis ojos se fundieron en la misma fragua que los tuyos.

            Las dos miradas se hablaron a gritos entre la inmensidad de aquel espacio reducido a la nada. Las dos miradas se culparon de no tener voz y buscaron el tacto que dio al traste con la indiferencia. Las dos miradas quedaron prendidas en una luz improvisada a la que no juzgaron el color ni la intensidad con la que hacían brillar cada una de sus pupilas. Al carecer las miradas de voz, fueron cómplices del silencio y prefirieron morir en tres segundos interminables, antes que vivir toda una vida susurrándose al oído, lo que jamás es capaz de escuchar el corazón. ¡Nos lo dijimos todo! y quedamos conformes. Si hubiese existido alguna duda, hubiera carecido de sentido común aquella mañana. Rubricamos con una sonrisa aquel encuentro y las miradas volvieron a caer la una junto a la otra, cada cual sobre su texto y cada alma sobre su libro….  

            Aún humeaba la taza sobre mi mesa, pero no estaba dispuesto a dejar transcurrir ni un solo instante más. Necesitaba saber su nombre. Escuchar su voz y dejarme morir en cada una de sus palabras. Me acerqué a la barra y el tiempo y la espera se hizo interminable. Quise volver la cabeza hacia atrás y volver a buscarla, sentir nuevamente su mirada como rasgaba la mía, pero en mi pensamiento solo existía la imagen de su sonrisa y los dos pequeños hoyuelos que nacieron de repente en la blancura de sus mejillas. Me temblaban las piernas y las manos ¡estaba decidido! y ya no había lugar a las dudas ni a los titubeos. La conocía de toda la vida (lo sabía) aunque jamás el destino nos había premiado con hacernos caminar de puntillas en el mismo camino. Mis miedos habían desaparecido… Tomé la vuelta que el camarero había depositado en mis manos temblorosas y volví de nuevo la cabeza hasta donde su aroma delataba su delicada silueta. Se había hecho el silencio, pero esta vez con distintas voces. Su taza vacía, aún humeaba casi como la mía, y sobre la mesa, aquel púlpito de miradas inventadas, solo  descansaba un libro de poemas entre abierto. Ella ya no estaba… Una de sus orquillas actuaba de separador entre aquellas páginas y el azar premeditado, (quise pensar) me insinuaba a que leyera aquellos versos de Rafael Guillén, cuando aún su aroma invisible impregnaba aquellas páginas sedosas.



Lindo con tu silencio en la hora fría
en que todo está dicho. Palpo ciego
tu encontrado silencio. Parto y llego
de silencio a silencio, día a día.
Cierto estoy de que cierto no podría
entrar en tus murallas. Cierto niego
que haya más fuerza en mí que la que entrego
a tu silencio, duda en ti, ya mía.
Con él limito. Sé que es la frontera
de no sé qué. -Tú muda primavera
torna en dudosos vientos mis certezas-.
Y en torno sigue tu silencio, y sigo
pensando en ti y sin ti, pero contigo,
si es que mueres en él o en él empiezas.

Rafael Guillen

            Su silla estaba vacía, tanto o igual que el alma cuando se detiene en un suspiro. Aquella mesa estaba presta a ser ocupada por un grupo de estudiantes que parecía leer mis pensamientos y percatarse de mis dudas. Quise correr a buscarla, pero el impulso esta vez me había atado los cordones a los zapatos. Ya no estaba. Pude distinguir su silueta a través de los cristales que separaban el mundo del oasis de su cuerpo y supe que nada había sido fruto de la imaginación. Unos segundos… ¡Quizás tres! y su cabeza volvió a buscarme con la mirada. Nada había echado de menos ¿o quizás sí? y eso fuera mi sonrisa. Así que le devolví el gesto sin pensarlo, y me quedé con su libro. Ella me sonrió hasta donde ya no puede advertirla jamás. Volví a mi mesa y me senté de nuevo. Solo unos instantes. El tiempo justo en el que deposité un pensamiento escrito sobre el blanco de una servilleta. Y allí lo dejé, furtivo e imprevisible, como fueron sus ojos  penetrantes en el presente de aquella mañana, amantes de por vida. Allí lo dejé, donde solo pueden quedarse las miradas que nacieron, solo para ser parte y paz, del mayor de los olvidos...  


Llegaste como te fuiste
y mi paz fue tu mirada,
pues aunque nada me dijiste
con tu silencio me diste… ¡alma!
Y por si algo me faltara
con igual silencio me ofreciste,
otros besos y otras aguas.
¿Volveré a verte…? ¡Seguro!
¡A buen recaudo mi futuro!
para seguir pensando en mañana.





José Manuel Rodríguez Viedma

Con otras miradas...

Con otras miradas...
La mitad del silencio

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