martes, 25 de febrero de 2014

Extracto del Poemario "VERSO" (La sonrisa de los girasoles)

 
 
INQUIETUD
 
Vuelve pronto si te vas
escucha bien lo que te digo,
no se canse de esperar
ya lo sabes amor mío,
el barquito que en alta mar
navega por tus suspiros.
XXX
Vuelve pronto si te vas
no des tiempo a que el retiro,
sea un polizón capaz
de irse a navegar contigo,
sentado como un caporal
esperando que crezca su trigo.
XXX
Vuelve pronto si te vas
de la barca de mis gemidos,
esperando que el temporal
te envuelva con sus sonidos,
mientras otros remos de cristal
brinden sal en tus oídos.
XXX
Vuelve pronto si te vas
escucha bien lo que te digo,
no me canse de esperar
en este océano prohibido,
y tal vez al regresar
resulte que me halla ido.
XXX
Sobre las olas del mar
junto a otras barquitas de olvido,
sirenas vienen y van
sin haberse despedido,
con los ojos llenitos de sal
plateadas por los caminos.

 
José Manuel Rodrígue Viedma
Del Poemario "VERSO" La sonrisa de los girasoles.

lunes, 24 de febrero de 2014

Recital en Cajar (Granada)


jueves, 20 de febrero de 2014

Presentación Oficial de Cartel


"JUEVES DE REDENCIÓN"


Desde estas líneas, quisiera ofrecer mi más profundo agradecimiento a la Junta de Gobierno de la Real Cofradía de Penitencia y Hermandad Salesiana del Santísimo Cristo de la Redención y Nuestra Señora de la Salud, que con su Hermano Mayor a la cabeza, propusieron que sea un servidor quien presente el Cartel Oficial de Salida para su Estación de Penitencia en la Semana Santa de 2.014. Nada es por casualidad, y para quién os agradece tales dones, es todo un privilegio formar parte de vuestro más reciente caminar, ofreciéndoos para ello la palabra y el verso.

El acto tendrá lugar en Granada, el  próximo día 1 de Marzo a partir de las 20: 00 h, en el Salón del Trono del MADOC, antigua Capitanía General en la calle de San Matías.

Un fuerte abrazo a todos y una vez más, mi más sincero agradecimiento.
Allí os espero.
 
José Manuel Rodríguez Viedma

lunes, 13 de enero de 2014

Del libro "72 horas buscando amor"


 

 En los brazos de Morfeo
(hora 17)
 

 
El cansancio a veces. El agotamiento que no es lo mismo. El aislamiento personal. El descanso deseado y bien merecido. La reconciliación con uno mismo. Los párpados que deciden correr un tupido velo a la mirada. La banda sonora del silencio, que nos deja maniatados a las butacas de la calma. Cuando las letras comienzan a parecer panorámicas en nuestras mentes, Morfeo nos hace una cuna con sus brazos y nos proyecta con un suspiro al universo de los sueños…


Querido lector. Pienso que dormir es una tierna manera de morir, pero morir a nuestro antojo. Con la posibilidad de poder regresar a la vida en un soplo. Con el mimo de una caricia, o porque algún ruido rompa con su estruendo, el velo que separa la realidad del sueño.

El sueño. ¡Creatividad inverosímil! El universo de papel donde nuestras locuras se hacen realidad. Allí los miedos se hacen más oscuros y sus sombras grises se proyectan sobre muros que no existen, que jamás fueron pintados. Calles y plazas que reconocemos pero que en ningún tiempo se añadieron a callejero alguno, ni plano, simplemente porque no figuran, no se encuentran, no son nada. El amor, el amor también es más intenso, es como una fragancia que penetra por nuestros poros dormidos y que perdura incluso, hasta varias horas después de romper el sueño. Es perfecto y como tal “Irreal”. (Como la libertad. Ya sabemos que pasa con las perfecciones mundanas). El sueño. Magia que la Divinidad hace sin que consigamos ver en que mano guarda el “as” de corazones, ni de que sombrero aparecerá la paloma. Bendito mago, capaz de pintar con la magia del sueño, una lágrima real en nuestras pupilas a consecuencia de un llanto ficticio, o de posar un beso en nuestros labios, en ocasiones, transportado por otros labios que no existen. ¿Dónde esta el mundo del amor? De ese amor que nos impide verle la cara, ahora que estamos despiertos. Del que no recordamos la profundidad de sus ojos, ni el color de sus pupilas al regalarnos una y mil veces su mirada. Tampoco el acento de su palabra o el tono de su voz, pero si la sonrisa de unos labios creados solo para ser soñados. Solo recordamos la caricia, el beso que la madrugada impregnó en nuestra almohada, con un carmín para el que no se utilizaron colores ya inventados. ¿Es imposible hacer realidad un sueño? ¡Por supuesto que no! Lo imposible e irreal es su contenido. El sueño llega casi sin pedirlo. En ocasiones basta con buscarlo atrapado en unas sábanas blancas.

¿Merece la pena vivir para siempre en un sueño? Querido lector. ¡Me niego siquiera a pensarlo! Sería condenarnos de por vida a no poder contar sus delicadas maravillas, sus inimaginables paisajes, sus llantos y sus risas, que a veces nos devuelven a la vida con el sonido de nuestra propia carcajada. ¿Quién nos hizo sonreír de tal manera? El mismo que dejó aquella noche olvidada una lágrima en nuestras pupilas y jamás vino a recogerla… (¿La Divinidad?)
 
El sueño es un tesoro solo al alcance del pensamiento. Jamás existió mano que acariciara sus riquezas, ni  bostezo que al despertar encontrara junto a su lecho parte del botín, inocentemente encontrado.

Querido lector. El sueño es la realidad de nuestros sentidos. Quizás seamos capaces de encontrarnos a nosotros mismos sin tapujos ni máscaras de acero. Lloramos, reímos, hablamos, jugamos, sentimos, amamos en nuestro universo particular, y hasta somos capaces de resucitar a un ser querido para pasar un rato con él. Lo llenamos de vida, recordamos su perfume, el aroma de su piel, el tacto, la armonía de su palabra. (¿Es la negación otra forma de amar?) En vida nos negamos a decir adiós definitivamente, y en la frontera del sueño, somos capaces de pintar un tren, que nos devuelva a los sentidos, un trocito de sus vidas. Sentir sin pensar, amar y ser amados, mientras nos abrazamos a los recuerdos florecidos entre sueños inalcanzables. Sin duda querido lector, el sueño fue inventado por una Divinidad, que quiso vivir mientras dormía.

Amar soñando es como lanzar un beso al aire sin mirar a ninguna dirección. ¿Encontraremos el amor que buscamos es su interior? ¡Posiblemente! Pero al despertar, el hechizo quedaría mermado tan solo a un recuerdo que jamás fue real. (La ilusión es pasajera, el amor es y debe ser real y perpetuo.)

Querido lector, mientras esta nueva hora forma parte de nuestro pasado, una conclusión me ronda el pensamiento. “Si dormir es morir a voluntad propia” prefiero el suicidio del despertar. Porque al menos así… seremos dueños de nuestros actos. O lo que es lo mismo, jamás un sueño lujurioso de amor, podrá hacer perder nuestros sentidos. Pero un beso de amor en madrugada, será capaz de eclipsar todos y cada uno de  los sentidos… y al propio sueño.

 Mientras tanto… ¡soñemos! querido lector, porque soñar, solo es cosa de vivos.
 
 
José Manuel Rodríguez Viedma


miércoles, 23 de octubre de 2013

Extracto del Poemário "VERSO" (La sonrisa de los girasoles)


 
 
 
QUEBRANTO EN LA SOLEDAD DEL AMOR

 

Tendré que inventar un aullido,
otra señal que deslumbre el reflejo del alma
cuando la cadencia del suspiro chico,
se derrame en las cuerdas temblorosas de mi beso.

Tendré que inventar una nueva agonía
que sobre mi pecho inacabado describa,
la proeza inadvertida de tu latido sobre el mío
en la caja rítmica de los secretos.

Tendré que inventar una nueva leyenda,
descrita en las páginas saladas, mojadas por tu dedo
y una nueva cubierta de pieles sedosas
formando la contraportada, del mañana cuando llegue.

Tendré que inventar una nueva luz,
calida y semidesnuda entre el fuego de las antorchas
y una nueva mirada enjaulada en las pestañas
de tus ojos cuando sueñan.

Tendré que inventar una nueva sonrisa, quizás,
o una recién estrenada lágrima,
rozando la comisura de tu boca
hasta llegar al péndulo perfecto de tu barbilla.
 
Tendré que inventar una hora más, cuando te halle
y una nueva noche oscura, con sus sábanas de seda.
Una farola en la ventana de los reproches inadvertidos
y un cristal opaco, impregnado con nuestro amor.

Tendré que inventar un nuevo sonido para llamarte
y una nueva caricia cada tarde, si me dejas.
Un nuevo espanto de miedo tras la puerta
y otro adiós, con billete de regreso en la mirada.

Tendré que inventar un nuevo regazo
en mis brazos inacabados sin los tuyos,
en esta prolongación de la carne dispuesta
si así lo fuera, a morir junto a otra carne.
 
Tendré que inventar otro cielo.
Quizás otro paraíso de ternura frente a mi lecho.
Otro pensamiento fugaz y otro olimpo,
repleto de laureles en las sienes de los justos.

Tendré que inventar un nuevo pecado
y arrepentirme de nuevo otras cien veces,
con la cabeza declinada a los zapatos
y los huesos temblorosos, atados a los tobillos.

Y una vez tenga mi nueva leyenda escrita
en la señal bendita y oculta de tu beso.
Una vez tenga mi secreto nuevo
en la agonía sedosa de tu sábana.

Una vez tenga mi aullido nuevo sobre la boca
y una nueva luz resplandeciente, y una ventana.
Una vez tenga una nueva sonrisa
en otro Olimpo en un vergel, junto a otro cielo.

Una vez tenga todo un tiempo por estrenar
y un nuevo sonido abrumador para llamarte.
Unos huesos sin temor a los suspiros
y un billete de ida y vuelta en el pensamiento.

Una vez tenga a punto de cumplir
la condena perpetua de mi pecado.
Una vez tenga mi brazo a tu abrazo
dispuesto a morir por amor, junto a tu carne.

Si ya lo tengo todo, ¡amor! y no te encuentro.
Tendré que inventarte ¡amor!
Tendré que inventarte…

 
José Manuel Rodríguez Viedma
 Del Poemário "VERSO" La sonrisa de los girasoles.

lunes, 21 de octubre de 2013

La Noche en Blanco de Granada





A vista de pájaro
La Noche en Blanco de Granada,
la luna en verso,
los suspiros de los poetas,
y... ¡Granada!
 
… sobrevolé el cielo de Granada como un ave nocturna. Mi revoloteo me pareció único, casi recién estrenado. Divisé desde las alturas los inmaculados blancos del Albayzín y deslicé mi planeo dislocado por alguna que otra cueva del Sacromonte. Sentí la guitarra sonar entre los arpegios de la madrugada y me pareció un aljibe mascullando el agua en la garganta de una  fuente. Adiviné frente a mis ojos las torres longevas y ensimismadas de la Alhambra, y allí, me paré a poner una nueva rama en mi pico. No era demasiado grande, ni pequeña; Era imposible alzar mi vuelo con ella. Tenía el pecho henchido de suspiros, y el pico medio abierto para que tan solo una leve brisa, trepara hasta mis pulmones antes de tropezarse con alguno de mis versos…


Granada estaba abierta de par en par, lo mismo que su noche en blanco. Con sus paradojas inalcanzables destinada a no dormir y a no dejar de soñar a la vez. Desde mi altura podía distinguir los pasos simétricos de los poetas componiendo versos con la mirada. Allí estaba Francisco Acuyo, con las hojas del otoño trasparentes sobre las manos, dando retoques a la improvisación una y otra vez. Me pareció verlo cerrar los ojos y adiviné cuanta verdad encierra un parpadeo. No era una noche más. Era la primera noche, la más larga, la más romántica y verosímil, para quien no dudo nunca de que existe todo aquello que cuentan los versos y alimentan el doble cuando se leen. Mara Romero Torres y Magda Robles, dibujaban las siluetas de sus prosas en la Plaza de las Pasiegas e hicieron callar las campanas de la inmensa Catedral de Siloé, que como una musa, bebía del silencio lo mismo que las palomas revoltosas sobre la fuente cristalina de las Batallas. Mara y Magda, tenían una sonrisa delicadamente rubricada sobre los labios y un temblor sosegado en las rodillas. Los poemas pesan el doble que la sinceridad, y se multiplican, como los besos robados en cada rincón de una ciudad cuajada de poetas venidos de todos los rincones del universo. Ellas lo sabían. Sobre sus manos descansaba la batuta de toda aquella orquesta literaria que había de componer la mágica sinfonía de la “Luna en verso” y que aguardaba el estreno en el teatro Isidoro Maiquez.

Allí, aún resonaban en las amapolas de las butacas las palabras del poeta Manuel Salinas. Hacía tan solo unas horas, quedaba presentada la antología poética, nacida para aquella noche de nostalgias, que aún se amamantaba del presente. Habló Manuel Salinas, y describió la perfección de la metáfora de la vida. Lo hizo con la voz sosegada, como quien susurra en la espesura del universo esperando pasar inadvertido y resulta ser escuchado por cada uno de los astros que lo componen. Así lo hizo,  representando los paralelismos entre el papel desnudo y la rima ataviada con la seda transparente del amor en estado puro. Habló de los sueños de los poetas y de sus intenciones imperecederas en cada una de sus palabras inmortales. Habló Manuel Salinas y hablaron cada uno de los poetas por su boca, por sus gestos, por sus silencios. Después, se desmenuzó la antología con sus doscientas diez páginas, como la margarita del sí quiero, y algunos de los poetas, (todos en el recuerdo)  se emborracharon con cada uno de los versos y bebieron de la misma fuente hasta dejarla vacía de dolor. Yo, también quise mojar mi pico.

Pasaban más de las once y media de la noche mágica, de la luna en verso, de su eclipse, y Granada rebosaba de gritos de niños con los ojos abiertos de par en par. Las gentes bajaban desde las calles más anchas, abotonando los encajes de las callejuelas más estrechas, y en cada una de ellas, un artista disgregaba a media luz, para todos, el interior del baúl de sus secretos. La música, la magia, el baile, los olores de los lienzos colgados en las paredes de las exposiciones. El teatro en la obra de Eva Velázquez, con la Juana más loca, excéntrica y maravillosamente enamorada. La fotografía, el agua, las fuentes, los aljibes, la noche y los versos, siempre los versos… dispuestos a salir nuevamente escondidos tras de los corazones de los poetas… Y divisé el ala del sombrero de Pedro Vera, y escuché a Tomás Soler. Descansé el alma en el sosiego de Juan Antonio Barros. Sentí la noche propicia de Pedro Enríquez y esboce una sonrisa con Antonio García. Lloré la ausencia de Teresita Herrera Muiña, de Miguel Ángel Zapata, de Jeniffer Moure y Nelson Jiménez desde el otro charco del mapa, solo franqueable por el resplandor de la noche agujereada por las lágrimas de las musas. Agudicé la armonía en la voz de Antonio Praena y mordí la sinceridad inagotable de Brenda López.

Volaba tan alto, y aun así, distinguía a cada uno de los poetas que se apresuraban hacia el teatro, y recuerdo sus nombres, y no los olvido. Recuerdo sus prisas y los escalones empinados del entarimado hasta llegar al atril de los justos. Sería imposible nombrarlos a todos,  e indebida la omisión de alguno de ellos, y echo mano del índice de la antología para no olvidarlos y del sueño de “La luna en verso” para hacerlos inmortales. A todos, a los más de ciento setenta, a los presentes y a los ausentes, a todos los reconozco entre sus versos y los aromas que dejaron tras de si, las fragancias de los piropos sinceros a la noche intensa de una Granada endiosada en la cumbre de la prosa. Entre todos y cada uno de ellos, me pareció reconocerme, difuso, callado, como un cuerpo cuyas manos, sostienen el alma al cordel de un suspiro. Mi alma estaba volando aquella noche, como  la de un pájaro, un ave nocturna que busca la paz en la rama del tiempo y sueña ser mecida  por la brisa triste y sonámbula de una sombra de otoño.


Fue una noche cuajada de sentidos, única e irrepetible. Como lo son las primeras citas o lo son los primeros besos que se dan, sin esperar a que el amor pueda ser recíproco en cada uno de ellos. Como las primeras caricias y las primeras promesas. Los primeros llantos a escondidas, las primeras quimeras hechas realidad, el primer lecho prestado y la primera desnudez del alma. Fue una noche abierta a todos y con todos. Un abrazo uniforme donde encontrar cientos de latidos bombeando con ritmos diferentes que  guardan el mismo equilibrio para mantener su armonía. Una noche de poetas dispares con denominaciones comunes, donde las palabras pisaron la luna y borraron la huella del primer hombre. Un instante para soñar y un buen intento para nacer de nuevo.


Ahora, dicen que la noche en Granada, se irá difuminando como lo hacen los pinceles tras dar el último brochazo sobre los lienzos de los pensamientos abstractos. Que todo fue un sueño disipado en la retina del que se alimenta de la nostalgia. Que Granada vuelve a ver la luz cuando la madrugada deja en la fuente el aliento de su último bostezo. Que el agua de los ríos se marcha para no volver, como lo hace la tinta de los poetas cuando sangran las heridas de los olvidos. Que la luna se ha vuelto a vestir…

Ahora dicen sin más...,
pero aquella noche, ¡estuvimos despiertos!   

José Manuel Rodríguez Viedma

miércoles, 9 de octubre de 2013

Recital de Poesía "Voces Hispanas"


Con otras miradas...

Con otras miradas...
La mitad del silencio

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