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jueves, 19 de marzo de 2009
Revista Gólgota de la Semana Santa de Granada

Presentación del libro "Anales"

Presntacion Oficial de "Anales"
Entre dos luces

Entre dos luces Marzo 2.009
Tus manos sostenían aquella carta humedecida aún por la fragancia del olvido. Frente aquella otra luz y a duermevela, mis suspiros gemían desiguales, de la garganta al pecho y del pecho a los tobillos, donde se retuercen los nervios de la espera. Tus manos acariciaban el papel, mientras se deslizaba reglón a renglón bajo tus dedos. Los ojos entornados. La nariz colorada y el suspiro mudo, casi invisible, detenido en el temblor de tu barbilla… Aquel cenicero no dejaba de quemar la ceniza del último cigarro, cuando otro decidió posarse para arder por si solo. Sin que ningún impulso se lo llevara al alma. Sin que ningún soplo, dejara amarilla la piel de su hoja. Solo la luz tenue de aquel lugar, definía la niebla de tu rostro. Como si ya no estuvieras allí o por lo contrario, fueras un espectro. ¡El más bello fantasma! por cuyas sombras bien pudieron haber quedado para siempre, mis besos sin los tuyos.
Tras de aquella luz, te imagina una y mil veces. Te observaba hasta el punto de dibujarte con trazos distintos, cada vez que el reflejo brillaba entre tus párpados. Mi luz se desvanecía y ya era espejo. A penas unos renglones más, y aquella carta habría puesto el final a todo. Con ella, habrían concluido cientos de horas amarrado a tu cintura, cosido a besos entre tus labios. Unas frases más, y el final de nuestro amor se ocultaría para siempre, entre nombres y pronombres, adjetivos y verbos.
La puerta se abrió. Otra luz se encendió en tus ojos. (Ya había tres.) En tan solo un instante, en tu boca se produjo el fuego de la locura. Tus labios se vistieron de rojo, y casi pude advertir la sangre concentrada en ellos, como una tormenta, otra tormenta que no busca encontrar la calma, a pesar de saber donde se encuentra. Una de tus manos arrugó aquel papel deshecho en aire y lo dejaste caer sobre la mesa. (Se acabaron las frases). El acercó su boca a la tuya y encendisteis el primer beso, ante la demanda impasible de crear otro, casi en el mismo momento. La otra de tus manos, rodeo su cintura derrochando mil y una caricias. Y ya no volviste a sentarte, sobre aquella estupida silla que giraba sola, como un tíovivo de sombras y de olvidos. Tu mano en su mano y los ojos, marcando de cerca el suspiro con el que se escriben las palabras, que jamás se pronuncian.
Allí dejaste aquella luz, tras de tu espalda. Como un crepúsculo condenado a morir entre el regazo del tiempo. Cuando pude llegar aquel lugar, aun tu aroma penetraba en mis sentidos. (De alguna forma seguías allí.) Aquel cigarro marcado por la huella de tu boca, se consumía ante sus mismas cenizas, mientras en la mesa, descansaba aquel papel desmenuzado en mil trozos desiguales.
Que ironía. Aun tuve tiempo de dar una calada aquel cigarro y apagarlo con mis propias manos. Sentí que tus labios se acercaron por última vez hacia mí, y me pareció eterno. Abrí los ojos de par en par, para dormir, y cerré los ojos para dejar de soñar.
“Te he querido siempre” Decía la carta… Y vino él. (Para apagar mi luz y encender otra.)
martes, 3 de febrero de 2009
Próximos eventos. (Noticias de Febrero)
Nostalgia. (Fragmento.)

Todo queda relegado al día de mañana. Mañana será otro día… Tal vez mañana… Mañana volveré a intentarlo…Siempre nos queda el mañana… ¡Que ironía! Pensar que mañana es el presente de nuestro más inmediato futuro, siempre presto a enseñarnos su fecha de caducidad. ¿Por qué no ahora mismo? ¡En este momento! ¡No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy… ¿Por que no me besas en este instante? Solo por el mero hecho de ver como brilla aquella estrella que jamás se aprendió nuestros nombres… Por que no buscar ¡Aquí y ahora! ese abrazo que descongele cada una de las fuentes, que juegan a hacerse de cristal. ¿Por qué no derrochamos una sonrisa? Aunque no tengamos motivos para el despilfarro y la crisis nos deje la cartera vacía y el corazón lo mismo que un pozo sin fondos… ¿Por qué no llenarlo ahora con nuestras indecisiones? Si en cada una de ellas volvemos a conocernos, justo como el primer día… ¿Por qué no amarnos sin complejos? Aunque se ruborice la luna. (Ya está acostumbrada). ¿Por qué no buscarnos ahora? ¡Como el primer día! Entre las calles y las plazas, donde la gente nos miraba como seres diferentes, solamente por arrojarnos a la locura invisible del abrazo. ¡Ahora… en este preciso momento! Cuando las campanas del tiempo, han marcado con su grandioso doblón de acero, la hora justa del instante infinito. ¡Aquí y ahora! Cuando tenemos todo el tiempo del mundo para malgastarlo imaginando como suena el roce de la piel, con otra piel. ¿Por qué no sentir sin ser tocados? Como el silencio nos habla a gritos y rompe la soledad de la compostura. ¿Por qué no insistir? En la frase pegada al oído que ambos convertimos en un susurro inapreciable, que nos hace entendernos de una única forma inaparente. ¿Por qué no mirar sin abrir los ojos? Sin miedo a tropezar, sin desconfianza… Recuerda que cuando más nos amamos, fue aquella tarde en la que menos nos conocíamos. Tu y yo, sin prisas… Sin que ningún reloj nos marcara las horas, (era imposible que nos cogiera en ambas muñecas) teníamos todo el tiempo del mundo dispuesto a nuestros pies…
Demasiado deprisa… Demasiado deprisa. Ahora que no estas. La vida ha transcurrido sin medida ni tiempo. Ahora los besos se malgastan en la boca cerrada, donde mueren las palabras que nunca dijimos. Ahora el silencio se hace visible, (no hablas) y el frío se ha abrazado a mis manos. (No te siento). El cielo me dibuja las estrellas, recostadas en el abismo de las dudas. Una a una y me gritan tu nombre. (Por fin se lo aprendieron). Hoy mis ojos se han cerrado demasiado de prisa en busca del sueño, pero no he encontrado tu sonrisa. Mientras las luces de esta ciudad dormida, se han apagado con un soplo, Morfeo ha dejado de hablarme… (Ya no le conozco).
sábado, 17 de enero de 2009
Un consejo
que el amor es engaño y misterio
por el amor de una mujer,
a cada noche me voy perdiendo.
Y si acaso sus ojos lloran,
guardando un profundo silencio
¡mil estrellas pongo por testigo!
que me expliquen lo que siento.
Alba de un alba perdida…
sueño de una noche inalcanzable,
vela que navega perdida
por las sendas del desaire.
No te enamores nunca,
que el amor es engaño y silencio
por el amor de una mujer,
a cada noche me voy perdiendo.
O quiere mejor… ¡quiere!
que aunque el amor sea como un cuento,
al querer nada se pierde.
Si acaso se pierde un beso
agua se va de una fuente,
amor que nace del pecho…
y lágrimas de la gente.
Amanecer sin madrugada
Hoy sé Señor que la he perdido.
Cuando aún recuerdo su aroma
entre la piel de mi mano,
cuando aún recuerdo su sombra,
a cada noche… a cada paso.
Cuando aún el sabor de mi boca
se me llena del dulzor de sus labios.
Hoy que ha llegado la hora,
de decirnos adiós, (ambos)
entre llantos de lirios,
hoy sé Señor, que la he perdido.
Pero nunca se pierde una moneda
por el hecho de caer del bolsillo,
como nunca se muere una flor,
por que se pise por el camino,
ni se malgasta una oración,
pensando que no se ha oído.
Pero yo sí lo sé Señor,
yo sé que, la he perdido.
Por el mismo camino de mis promesas
por el mismo atajo de mis venas,
otro hombre la iba besando,
para ser barco de mis tristezas.
¿Y el desafío que sintió mi cuerpo?
¿Hasta cuando el hombre es hombre?
¿Hasta cuando durara la primavera,
en el almanaque de mis reproches?
¿Dónde tendrá su final el infinito?
¿Cuando acabare de perder Señor,
lo que sé que ya he perdido?
¿Cuantos años pasaron?
Por él prologo de mis recuerdos,
cuantos llantos derramaron
mis ojos sobre mi pecho,
cuantas noches en vela,
cuanto barco sin timón ni vela,
cuanta mar la de mis ojos
sin espuma ni sirenas.
Y te casaste en San Pedro… ¿te acuerdas?
la meta de nuestro deseo,
aquella a la vera del Darro,
Darro pensamiento y misterio.
Blanco tu vestido blanco,
rojos el surco de tus labios
y una sonrisa carmesí,
que a todos ibas regalando.
Y yo en primera fila,
lo más cerca del Altar,
para escuchar él sí de tu pecho,
tu sangre, tu respirar
antes de que tuvieras dueño,
antes de que se rompiera el sueño,
del que ansiaba despertar.
Y sonaron a gloria las campanas
y ha entierro en mi corazón,
mientras salía tu boda por San Pedro,
en San Pedro me enterraba yo.
¿Por que no tuviste que odiarme,
cuando lo nuestro se termino?
¿por que no pudiste matarme
con un engaño o una traición?
Que no es mala la compañía,
ni el cariño, ni la amistad
pero sí una batalla perdida,
ver a quien tú mas querías
casándose en un Altar.
Pasaron los tiempos… ¡pasaron!
y pasaron los días… ¡se van!
y llego hasta mis oídos
con aromas de lirios,
más espinas al corazón.
De tus mismas entrañas venia,
de tu mismo cuerpo y tu ilusión
y entre llantos y alegría,
como oscurece a la noche
como amanece al día,
con el llanto de tu hijo
con los segundos de la vida,
se rasgaba la piel de mi alma
y la esperanza que en mi vivía.
¡Corrí Señor, como corría!
que larga la distancia,
de tu casa hasta la mía,
que sordos mis sollozos
que calor el que sentía,
como si fuera dueño de su cuerpo
y padre del que nacía,
pero no era así, no lo era
ni existía mi palacio,
ni esperaba la princesa.
Tú me abriste la puerta… ¿recuerdas?
aún pálida, que guapa estabas.
Que corto se me hizo tu beso en mi mejilla
y que larga mi pesadilla,
en el baúl de mis entrañas.
Con que amabilidad felicité,
a quien odie desde el primer día
al que en tus tiempos de soltera,
te besaba a escondidas
y yo ya siendo recuerdo,
mordiéndome los sentimientos
lloraba por las esquinas.
Y allí, sin poder mantenerme en pie,
en la entrada de tu casa,
me enseñaste su cuerpecito,
sus ojitos, su mirada.
Entonces estuve soñando
mientras me sonreían sus pequeños ojos,
como si tan pequeño asimilara el dolor
de quien lo había perdido todo.
Como si quisiera decir con sus manos,
que nunca existe el fracaso
del que supo amar como un loco...
Si como un loco anduve tanto tiempo…
como un niño que vaga perdido,
cuando por las calles… ¡sediento!
muriendo a cada paso, ¡muerto!
sonaron las campanas a muerte,
las campanas de San Pedro...
Se murieron tus ojos aquel año,
y aprendí a odiar la noche,
al amor, al desengaño,
a todo lo que nadie conoce
en las paginas de mi diario.
Si. Como un loco anduve tanto tiempo.
Recordando tu vida de soltera,
tus besos, tus manos,
tus sonrisas, tus enfados,
recordando tu nueva vida,
con otro hombre bajo el brazo,
tus nuevas fantasías,
tu vida y mis fracasos,
recordando el día de tu boda,
tu anillo y tú vestido blanco
y recordé por ultimo mi espina…
el niño que tuve entre mis brazos.
Que solo me encontré, Señor
que solo ante tu entierro
míos sus claveles rojos,
sin ser el dueño de sus besos.
Solo me quede… ¿recuerdas?
cuando todo el mundo se marchaba
tu marido, tu hijo,
la gente que te lloraba
y yo que era tu silencio
y tú que fuiste mi pensamiento
sobre las noches de luna blanca,
¿A donde se fue tu cuerpo,
que ya no puedo seguirlo?
¿A donde mis recuerdos,
sin quererlos ni pedirlos?
Ahora sé Señor…
camino de jazmín y de lirios,
ahora sé Señor
que hoy la he perdido.
Cuando aún recuerdo su aroma,
entre la piel de mi mano…
cuando aun recuerdo su sombra,
a cada noche… a cada paso.
Con otras miradas...
La mitad del silencio

