lunes, 14 de diciembre de 2009

Poemas dormidos para almas despiertas.(Extracto.)




Otra época para amar





El tiempo, es una triste melancolía,
que el hombre inventa en su mente
y como la mente es comedia divina,
al final termina indiferente
soñando que pasa la vida,
para unos tan de repente
y para otros pasa indecisa,
porque pasa y pasa… ¡simplemente!

Y simplemente la Navidad regresa,
como una triste ideología
de ver al hombre como crece,
más sin saber que solo la vida
es la musa que merece,
encontrase a veces perdida
esperando que sin más regrese.

Y simplemente la Navidad regresa,
en los ojos de un niño que mira
como quien les precede,
siguen posando la mirra
bajo el techo pobre de un pesebre.

Y simplemente se hace la noche,
cuajada de estrellas prohibidas
pero ninguna me parece,
que la que menos ilumina
es la que más concede,
los tres deseos en la vida.

Porque simplemente la Navidad
nos pone dulce el alma y la piña,
la una por que parece
ser manantial que rima,
en los lienzos permanentes
donde se dibuja la risa.

La otra porque es solo fruto
y el azúcar que respira,
ya no le pertenece
ni a la savia, ni a la espiga.

Es Navidad ¡Lo es!
A pesar de la melancolía,
aunque la noche del revés,
sea callejón con salida.

Es Navidad ¡Lo es!
A pesar de las estrellas, (La mirra)
pues solo se posan los pies
una sola vez en la vida.

Lo demás no se si es,
como una eterna sonrisa
que no te deja crecer,
ni deja escarparse la dicha.

Es Navidad ¡Lo es!
¡Venga el beso y la rima!
que siempre es tiempo de volver
tan solo una vez, ¡alma mía!
Aunque al besarte sientas después…
una cierta, melancolía.



José Manuel Rodríguez Viedma
Feliz Navidad
(sueño)

viernes, 27 de noviembre de 2009

IN MEMORIAM


A D. Manuel Benítez Carrasco.
25 de Noviembre de 1.999



Aquella mañana, el agua se deslizaba del cielo, lo mismo que lo hace el rocío de la mañana sobre la hoja, hasta caer de la hoja a la rama. Aquella mañana llovía, pero lo hacia tímida, como una mocita que se esconde tras de la ventana del primer beso, atrapada en los cerrojos del abrazo espontáneo y torero que se da por primera vez. Un agua triste y mansa, como los ojos de quien no mira y aleja las pupilas al infinito de los sueños inventados a cada vuelta de sábana. Aquella mañana, la Alhambra se asomaba al cielo sin apenas tocar el abismo con sus nudillos desnudos. Estaba mojada por la lágrima y el suspiro, que bajaba desde el Paseo de los Tristes a Plaza Nueva. La Torre de la Vela, deshojaba silencios a cada golpe de campana, y agachaba la cabeza como nunca, escondiendo una vez más su timidez como siempre. Aquella mañana, se escuchaban versos en la Plaza del Salvador, mientras el agua resbalaba por la Calle del agua para dar entonación al mejor poema jamás recitado y nunca escrito. Las acacias se tornaban de norte a sur, como quien busca la razón a los suspiros descritos entre virutas de carpintero. Se escuchaban los cánticos desde el Ave María, y los saltos de los niños que chillaban con sus gargantas feroces e impacientes por crecer y llegar al árbol de los mayores. ¡Llovía!... Llovía por la cuesta del Chapiz, callecita abajo y callecita arriba hasta los Mártires. Llovía en los ojos de las mujeres, buscando el piropo del poeta enardecer entre páginas blancas de papel inmaculado. Llovía sobre los ojos de los hombres, que anduvieron sobre las sendas de otras lluvias y otros tiempos. Llovía en las copas de los cipreses de San José, espigados verdes y firmes como los civiles de Lorca, y llovía sobre los mármoles fríos y florecidos de los muertos de siempre y siempre sobre los muertos.

Aun recuerdo como llovía… Mansamente. ¡Tanto! como para empapar el pañuelo de los que allí estaban, y tan mansamente para los que no fueron.



Que hermosura el tiempo y la vida,
que da y quita, lo mismo al que tiene,
que al que da, pero no fía.
Pues así siempre entretiene
pensar que el que más tiene,
ya no es el que más tenia.

De igual forma al recordarte hoy
poeta grande que te morías,
veo tanto verso en otras bocas
que tal vez ya, ni reconozcas,
a tanta gente que te leía.

Entre tanto un perro cojo
¡Quien sabe a donde iría!
dibuja estrellas de plata,
en los cielos de Granada
esperando que llegue el día.

Un homenaje mañana.
¡Se ha muerto! ¿Quién lo diría?
Noviembre se hizo de escarcha,
no había gentío en la plaza,
¿Sería Señor... porque llovía?



José Manuel Rodríguez Viedma.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Cuando el agua habla.




Cuando el agua habla



A lo mejor si guardo silencio,
escucho el sonido del agua
o la escucho hablar, melódica,
risueña, enamorada.

¿Pero el agua habla?
El agua se desliza por la piel,
por la rosa y la rama.
El agua apaga la sed,
por la ribera del alma.

El agua es el aliento,
que le falta a una mirada.
Duda entre ser un afluente
o un rió que muere en la playa.

Y al encontrarse desnuda
navegando por tu cara,
el agua se hace velero
y el velero nostalgia
y la nostalgia un te quiero
y el te quiero una palabra
y mi palabra un beso
y el beso un trozo del alma,
que al ponerla frente a tu risa
quiere beberse tu lágrima.

Lagrimas como rosas,
rosas engalanadas
desde este balcón de los Mártires,
donde veo sentada a Granada.

Lucecillas multicolor,
que se encienden y se apagan
unas por falta de amor,
las otras de amor derramadas
y al fondo la mano de Dios
que las enciende con la mirada.

Granada vestida de noche,
Granada vestida de agua
dibujada entre pinceles de bronce,
esculpida a cinceladas de plata.

Eres como una enorme caseta
a la que no le falta de nada,
sus farolillos rojos de embrujo,
su blanca luna callada.

Con sus dos ríos prohibidos
que forman su negra baranda.

Eres como una caseta,
que formada en la distancia,
a unos los llenas de esperas
y a otros los desesperas
con abanicos de nostalgias.

Tu vestido de negra noche,
tus zapatillos de albero,
tus decorados de vida,
tus realidades de sueño,
tus manantiales de vino,
tus arrayanes de fuego
y hasta el aire que respiro,
en este que hacer pregonero
me hace sentirte caseta,
que a Dios se escapo desde el cielo.

Y desde allí… ¡Desde allí versos de Lorca!
Verso que muere en poema
y siembra romanceros gitanos
en el llamador de su puerta.

Desde allí Carlos cano
siendo flor de hierba buena,
descuelga su fado de amor
haciendo con sus manos la flor,
guirnalda de primavera.

A lo mejor si guardo silencio,
escucho el sonido del agua
o la escucho hablar, melódica,
risueña, enamorada.

¿Pero el agua habla?
¿Hablar…?
¡Grita... sueña... canta!

¡Si, Benítez Carrasco!
Maestro de la palabra,
los agujeritos que tiene el cielo,
unos los hacia tu perro
con su muletita de plata.

Pero los otros… ¡Los otros serán caseta!
serán caseta en Granada
que en la gloria un casetero
ante Dios y su mirada,
encajándose el sombrero
que San Pedro le entregara,
encenderá el portón de la Feria
ante el hermoso suspiro del agua.


José Manuel Rodríguez Viedma

viernes, 9 de octubre de 2009

A la orilla del recuerdo. (A lágrima viva)




Enigma de un fracaso



Conóceme tú
y no el mundo.
Piensa tú de mí
y después olvida.

Apaga tus ojos con mi alma
y después vuela.
Duerme y vive…
¡Y después sueña!

Sueña y se libertad
y después despierta.
Haz con tus manos amor
y después recuerda,
¡Que me conoció el mundo!
y no tú.

Y pensé yo
y tú no.
Y apague mis ojos con tu alma
y fui sueño y libertad.

Y después tú estabas despierta
y yo soñaba,
y fui recuerdo
y fui mañana
y fui lamento
y fui guitarra
y fui tormento
y fui agua
y fui silencio,
cuando tú callabas.

Haz mundo y vida
y después piérdete en mi pensamiento.
Y se cometa
y se viento,
se tristeza y lamento.

Se lágrima en mis ojos,
que yo seré tu pañuelo.
Se savia sobre mi tronco
y hoja sobre mis ramas.
Se sonrisa y zozobro,
se puerta y ventana.

Conóceme tú
y no el mundo
y cuando quede mi cuerpo mudo,
que hable de mí el mundo…
¡Y no tú!


José Manuel Rodríguez Viedma

viernes, 2 de octubre de 2009

Suspiros de un alma




Sombra de tormento.



¡Ay sombra de tormento!
frágil hoja que el viento te lleva,
buscando día y noche mi encuentro.
Como calida cometa que vuela,
surcando los limites del tiempo.

¿Por qué lloras? Dime… ¿Por qué lloras?
si ayer estabas riendo,
y jugabas a ser princesa, con tu corona de caracolas
sumergida en tu profundo sueño.
¿Por qué lloras? Dime… ¿Por qué lloras?

Sabes bien tu de rencores
y sabrás que tu tortura,
¡Hace ya, se la llevó la luna!
No… no vengas a pedir perdones.

No quieras prometerme tu felicidad
¡Embustera y traidora!
Escucha tú mi cantar,
yo si que te digo ahora…

¡Ay sombra de tormento!
Dos felicidades te voy a dar,
una por año nuevo,
la otra… ¡Por Navidad!

Anda, déjame, déjame…
que ya no tenemos más que hablar.
Que tu amor se lo llevó el viento,
y el mío se lo llevo la mar.
José Manuel Rodríguez Viedma

viernes, 25 de septiembre de 2009

Patrona de Granada

222222
222222
Ultimo atardecer de septiembre...
2222222
2222222
Septiembre en el almanaque
y las flores que se desmadran,
ni una crece en la vega
que dicen que en la carrera,
toditas las mañanas
ellas solas se desgranan
con sus pétalos de seda,
por ver quien es la primera
que consigue posarse en su cara
y robarle si puede una pena.

Embajadora Reina y Madre,
en Tu tormenta serena
esta Granada de bronce,
esta Granada de piedra
anda buscando escaleras
en la piedad de los hombres.

Y es Tu grandeza Señora
como el manto en el que recoges
los pecados que te entregamos
mientras repartes perdones.

Virgen de las Angustias
Patrona y Soberana
no hay domingo más glorioso,
más florido, más hermoso
que aquel que te llevan en andas
y cien palomas cruzan,
el plomo de tus campanas…
José Manuel Rodríguez Viedma
(Estracto Pregón Oficial de la Semana Santa de Granada 2.008)

lunes, 7 de septiembre de 2009

Pensamientos de infancia.




Nostalgia serena



No me apena la nostalgia,
de ver pasar el tiempo
ni las arrugas en la cara,
ni el color blanco del pelo.

El tiempo que pasa, ¡pasa!
sin poder detenerlo,
como el aire de mi ventana
como las flores de enero.

No me apena para nada,
tener en mi alma el secreto
de sentir el alma engalanada,
por la profundidad del sueño.

No me apena para nada,
sentir del aire el silencio
como posa en mi almohada,
las hadas de los recuerdos.

Yo soy feliz en mi ventana,
contando las gotas de mayo
escuchando de la campana,
el suspiro de un rosario
que rezan las viejecitas,
en las sillas de mi patio.

Ver la torre de la iglesia,
por la que no pasan los años
y las flores de mi maceta
cuajadita de geranios.

Yo soy feliz en mi ventana,
dibujando un puerto en mí barrio
lleno de barcos veleros,
por los que va navegando
el timonel de mis sueños,
con su ancla de barro.

Y como no tengo playa,
ni mar, ni sirenas
de la noche hago océanos,
cuajaditos de estrellas.

Y como no tengo barca
ni redes, ni velas
me hago pescador de sueños,
en mi barriada pesquera.

Y al niño le pesco una flor,
con sabor a hierba buena
y a la niña un amor
para ponerlo en su pecera.

La mar escondida
entre las callejas,
de ellas me saltan
delfines, ¡sirenas!

En mis sueños mi barrio es,
lo que yo quiera que sea
un jardín encantado,
rodeado de palmeras.

Una saeta rota
al llegar la primavera,
las alas de una paloma
que giran, saltan, corren, vuelan.

Un beso en una farola,
cuando se ama de veras
que deja mi barrio vacío,
de luces y de veletas.

Un presente inacabado,
un pasado sin cadenas,
un tesoro de bizcocho,
chocolate y magdalenas.

Mi barrio es un viejo chiquillo,
al que no le falta de nada
si acaso algún capricho,
que pueda tener en mi zambra
¡poner mi barco en el rió
y tener mas cerca la Alhambra…!
José manuel Rodríguez Viedma
(Pregón de las fiestas del Zaidin año 2.005)

Con otras miradas...

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La mitad del silencio

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