jueves, 21 de abril de 2016

Presentación Oficial de "VERSO" La sonrisa de los girasoles.


CRÓNICA DE UNA PRESENTACIÓN

Presentación Oficial del libro
"VERSO" La sonrisa de los girasoles

Portada del libro "VERSO" La sonrisa de los girasoles

Group in Movement
Las ocho y diez de la tarde, se abre el telón y se anuncia... “VERSO” La sonrisa de los girasoles. Ya está en la calle. Ya no hay secretos en sus inmaculadas hojas que huelen a nuevo. Todo comienza con el baile del Group in Movement, tres chicas que ejercen con sus cuerpos rubricas inesperadas en cada giro de sus milimétricas formas de sentir la vida mediante la expresión contemporánea del baile. En el patio de butacas del Auditorio Príncipe Felipe de Monachil, se escuchan los primeros susurros. La música ejerce una tenaz improvisación con las luces y los versos, los movimientos se acentúan, los cuerpos garabatean en el entarimado el grito sordo que proviene de las quemaduras en los pies y del alma. El aplauso rompe el silencio y abandonan la oscuridad para que sus rostros inunden la primera sonrisa de los girasoles. La llevan puesta en sus caras. Son los primeros cuellos girados a la alborada. En sus ojos el nervio y la cicatriz de lo cumplido cum laudem. Saben que volverán, lo dicen sus bocas y lo callan sus brazos. La batería de micrófonos se enciende y recibe el aliento caluroso de la Concejala de Cultura que saluda y da el primer tirón oficial a la presentación de la nueva Obra. Tras de ella el anticipo del verso revolotea en las butacas sin detenerse en ninguna y en todas en difundida apariencia de musa desnuda e invisible. Abajo están todos los que quisieron y justifican su ausencia, los que viven en azoteas celestiales de otros mundos.

Cuadro Flamenco Zambra y Compás
Todo a dado comienzo en inesperada fortuna de taconeos y redobles. El cuadro Flamenco Zambra y Compás, hace enmudecer las estrofas del poeta. La Farruca de María Naranjo entrega las sillas a las ocho chicas y al barón hasta justificarse en el centro de Birramblas gitanas y moras. Las palmas se sostienen entre bambalinas todo es compás y taconeo. Nebulosa de manos tronchadas que ejercen de cisnes hasta los codos y de flamencos y garzas sostenidas en la cuerda floja del equilibro más inverosímil. Los pechos se hinchan exhaustos de suspiros mientras al poema le tiemblan las silabas en cada punto y en cada coma. Nueve girasoles a los que un mantón improvisaba el cielo de las nueve de la noche. Girasoles de lunares, de viento hondo y de pesar. Llegó la hora de los poetas y la aventura de Juan Martín y la suave brisa colombiana de Flavia y la ternura cósmica de Ivonne.

Comparsa de Granada La Bohéme
Antes de que las olas llegaran a puerto quince voces gritan y aclaman otra forma literaria de cambiar el mundo con las plumas rojas de sus sombreros. La comparsa de Granada la Bohéme deja al desnudo el corazón escondido hasta entonces en sus chaquetillas azules y lo posa en el cuello delicado de la botella amarga de la revolución más despiadada. Solo las verdades duelen más que los engaños, solo las verdades se cantan para que las recite un poeta a punto de clavarse el alfiler de la locura en el pecho. Cantó la Bohéme y se deshizo la mar salada en el teatro sin mar. Cantaron sus voces y la semicorchea del llanto esbozó la sonrisa del girasol en otro campo y otra arena. La magia supo a hechizo de una pócima real de letras inmortales.

José Manuel Rodríguez Viedma y Manué Rodríguez

Todos ellos doblaron sus actuaciones, dos. Dos veces para dejar atónitos a los que pasadas las dos primeras horas sin pestañear, presumieron de haberse equivocado de lugar. Aquel paraíso pequeño, era demasiado chico para ser el cielo a los que el Group in Movemet de contemporáneo le había invitado a visitar descalzos los pies en cada uno de sus movimientos. Un paraíso demasiado mágico al que Zambra y Compás habían encendido cuajado de hogueras y ascuas sacromontanas que no ardían ni quemaban. Un paraíso demasiado bohemio para una comparsa que lloraba y cantaba a la misma vez sin que ninguna voz llegara a rasgarse más que lo hacían sus almas de caballeros y quijotes. A las diez de la noche, el bordón de la guitarra temblaba y el maestro Manué Rodríguez lo acariciaba como a una novia. Le recitaba un trémolo, le esculpía arpegios, besaba su resonancia de cueva blanca. Hizo sonar las cuerdas y ya no hubo mayor cárcel a los suspiros hasta el momento atrapados en la maleta de los sueños indescriptibles. Manué volvía la cabeza hacia el poeta como un girasol al que de vez en cuando, una mueca, un suspiro quizá un dolor, hacía que en su boca callada se dibujara una tierna sonrisa.

Pasaban apenas diez minutos de las diez y media. Las palabras del Alcalde ponían fin a la Presentación Oficial. Entre bambalinas Jesús y Mario jugaban cómplices con las miradas. Abajo, una mujer dejaba de morderse los labios. ¿Quién hubiese podido entregarle el beso que aún me queda por escribirle…?

0 comentarios:

Publicar un comentario

Con otras miradas...

Con otras miradas...
La mitad del silencio

Libro de vistas