DOS Y DOS
Dos y dos en la misma antesala de
las incongruencias. Las similitudes entre los besos abriendo las bocas de pez
en otras aguas dulces y frías. El oxígeno examinando la piel con pequeños
aguijonazos de ternura y en cada punto indivisible de paz, todo un universo de
dolor cuando se ama. Dos y dos estatuas semiinconscientes, blancas, inmaculadas
y desvanecidas, por las que la sangre transita buscando la luz para gritar que
están vivas y, en medio de sus universos pétreos, los ojos. Las pupilas tiernas
y el destierro de los olvidados sin nombre. Los párpados entornados, casi
dormidos, sueñan sobre otra cuna mecidos por el mar de una lágrima sin sal.
Todo está dicho sin abrir la
boca. Todo es silencio en un puro grito de sazón y fuego. Todo es inmortal y
nuevo, desvarío e inconciencia, calma y desasosiego en la mente turbia de los
mortales. Ya no importa nada ni nadie. Hemos llegado hasta aquí. Puestos los
píes. Acariciada el alma.
Son dos y dos tus ojos y los
míos. Un solo y extraño beso ha venido a vernos. Era nuevo. En mis manos he
hallado las tuyas temblando y no hacía frío. He puesto las mías junto a ellas.
Se ha parado el mundo en otro giro de reloj y han cantado las en punto los
minuteros y las campanas. Hemos visto esconderse la alondra en el nido
entrelazado de nuestros dedos y sentido estremecerse todo el universo sobre la
cárcel de nuestros huesos.Tanta fuerza era impensable. Toda
gramática entre la matemática y la ciencia.
Tan solo una lírica mezcolanza
con la luz y el agua de aquella fuente. Con tus ojos y los míos, tus manos y
mis manos. Se calló el viento y la rama.
Acudió un ángel para rendirnos cuentas. Sumó a la luna y al sol... múltiple
extraño. Dos y dos.
José Manuel Rodríguez
Viedma